domingo, abril 05, 2020

"Particularidades de un desastre"


Introducción

Escribo entre comillas el título de este artículo, porque estoy reciclando el de otro que escribí en 1995 en el cual explicaba las características particulares que tuvo el desastre que se desencadenó el 6 de Junio de 1994 a partir de un terremoto en el cañón del río Páez, en la región de Tierradentro, en los límites entre los Departamentos del Cauca y el Huila. 

Este del cual somos testigos y actores las generaciones vivas que en este momento formamos parte de la Tierra,  posee una serie de “particularidades” que determinan que no se parezca a otros que han afectado a la humanidad en los miles de años que han transcurrido desde que el Homo sapiens se consolidó como “especie dominante” en el planeta. No voy a pretender siquiera mencionar aquí en qué etapa de la prehistoria humana puede haber ocurrido ese suceso, porque existen muchos criterios y datos discrepantes, y porque no es el propósito de esta reflexión.

Lo que pretendo con este artículo es poner en orden mis ideas, tratar de digerir y comenzar a sistematizar la enorme cantidad de información que está circulando sobre el tema y, a partir de ese intento inicial, explorar las razones que me permiten afirmar que este es el desastre más complejo que ha golpeado a nuestra especie en su historia.

Busco leer este desastre desde algunos de los conceptos/herramientas fundamentales de la Gestión del Riesgo de Desastres, al tiempo que exploro cómo nos estamos viendo ante la necesidad de cuestionar la manera como hemos entendido y utilizado hasta ahora algunos de esos conceptos/herramientas, al menos en cuanto hace referencia a los desafíos que está imponiendo este desastre en particular.

El artículo está organizado en los siguientes subtítulos, que a su vez corresponden a las "particularidades" que pretendo destacar:

- Fractalidad

- Una amenaza invisible para los sentidos

Modelo de desarrollo, sistema inmunológico de la Tierra, cambio climático y aparición del Coronavirus

Una característica inédita para la Gestión del Riesgo de Desastres: hoy todo ser humano es expresión de la vulnerabilidad y probable vector de la amenaza

Un desastre silencioso, sin destrucción de infraestructura (al menos por ahora)

Las amenazas concatenadas

- Procesos simultáneos e interrelacionados

- Preguntas 

- ¿Cómo será el futuro?

Hasta hace un mes, si me hubieran preguntado cuál consideraba yo que había sido el desastre de mayor complejidad que hasta ese momento había vivido nuestra especie (sin contar las Guerras Mundiales, que requieren otro tipo de análisis), habría dicho que el que se generó en Fukushima, Japón, el 11 de marzo de 2011 a partir de un terremoto de 8.9 o 9.1 grados frente a la costa de Japón, el cual a su vez desencadenó un tsunami que fue la causa directa del desastre en la planta nuclear. Se calcula que este desastre produjo alrededor de 20.000 muertes y cerca de 3.000 desaparecidos, sin contar todos los efectos de largo plazo sobre los descendientes de quienes estuvieron expuestos a la alta radiación.

Desde el punto de vista de sus consecuencias, afirman los expertos que las del desastre de Chernóbil que se inicio en Abril de 1986 fueron mucho más graves, lo cual tampoco voy a discutir. Lo cierto es que la concatenación de amenazas naturales y tecnológicas que finalmente produjeron el desastre de Fukushima, le otorgan en mi concepto una mayor complejidad. (Atención al concepto de amenazas concatenadas sobre el cual volveremos después).

Pero este que estamos viviendo en este momento y cuyo impacto se prolongará, nadie sabe ni con mediana certeza, durante cuánto tiempo más, supera de lejos la complejidad de los citados desastres nucleares. No dudo en unirme a quienes afirman que este desastre está cambiando para siempre el curso de la humanidad.

Todos los desastres ponen en evidencia las múltiples vulnerabilidades del territorio que padece su impacto (Territorio= ecosistemas x comunidades x instituciones x valores x flujos de materiales, energía e información). Los desastres sacan a la luz las debilidades y vergüenzas que las sociedades intentan ocultar en la llamada "normalidad". 

Así mismo, los desastres permiten que afloren las fortalezas existentes en esos territorios, tanto aquellas de las cuales se tenía conciencia como esas que a veces ni sus propios poseedores sabían que existían.


En el caso del desastre actual, están quedando al desnudo, de manera muy trágica, las múltiples debilidades del "modelo de desarrollo" que impera en el mundo, particularmente, por ahora, en cuanto hace referencia a lo sistemas de salud (preventivos y de respuesta) tanto de los paises más desarrollados, como de regiones extremadamente marginadas como es la Costa Pacífica colombiana.

Así mismo, cada día es más visible la incapacidad del sistema económico para reducir la vulnerabilidad no solamente de los sectores sociales más marginados, sino de sectores medios y de alto ingresos, que no eran plenamente conscientes de la magnitud de su propia vulnerabilidad.

Por otra parte, entre las fortalezas que están quedando más en evidencia, se destaca el compromiso de quienes, en medio de todos los riesgos y carencias, se dedican a proteger la salud humana y a mantener en funcionamiento las "lineas vitales" que sostienen a la comunidad,

Fractalidad

Una primera característica de este desastre actual es su fractalidad, la cual se expresa en que afecta desde el nivel planetario, el más global, hasta el nivel individual, en el cual está impactando hasta lo más íntimo de la salud afectiva y de la cotidianidad de cada una de las personas humanas que hoy formamos parte de la Tierra.

Mapa actualizado a 5 de Abril, 2020

Inclusive hay investigadores y líderes sociales que advierten sobre la enorme vulnerabilidad al COVID-19 de las comunidades indígenas de la Región Amazónica, que han optado por el “Aislamiento Voluntario” como forma de vida permanente, y que consiste en el Derecho a no tener contacto con la “sociedad mayoritaria”.

Entre ese nivel planetario y el nivel individual, existen múltiples niveles intermedios, como el continental (Europa, por ejemplo), el regional (cada una de “las Américas), el nacional y, en nuestra división política, el departamental, el municipal, el veredal, el barrial, el familiar, el personal...



Este desastre está afectando todas las esferas y todas las dimensiones de la Cultura Humana -de la Civilización Humana- y está dejando al descubierto toda su vulnerabilidad, de manera muy traumática y muy visible en los países que se habían autoproclamado como “países desarrollados”, como “Primer Mundo”, y que durante décadas le han impuesto al mundo a través de distintos medios, su “modelo de desarrollo”, que incluye los patrones a través de los cuales se alcanzan y se miden el Progreso, el Éxito, la Seguridad y la Felicidad.

Hoy parece haber consenso, incluso entre pensadores del Sistema, en que ese "modelo de desarrollo" está colapsando, no solo por los impactos de corto, mediano y largo plazo del desastre en curso, sino porque está quedando demostrado que la forma como ha "organizado" las relaciones de lo seres humanos entre sí, y de nosotros con el planeta, es la principal causa de la vulnerabilidad global que ha determinado que un "simple virus" esté poniendo en peligro la misma existencia de millones de seres humanos. 

Una amenaza invisible para los sentidos


Fuente: Internet

Como es bien sabido, la amenaza que está generando este desastre es un virus, una identidad microscópica, que existe en el limite difuso entre lo no vivo y los seres vivientes más “elementales”, como son las bacterias y las células de organismos animales y vegetales.

En este caso, un Coronavirus:
Se trata de una familia de virus muy antigua. El estudio "Un caso para el origen antiguo de los coronavirus", publicado en 2013 en el Journal of Virology, dice que el ancestro común más reciente de estos virus tiene unos 10.000 años, pero que es probable que las primeras versiones de los coronavirus hayan existido durante millones de años.

Los coronavirus, que suelen vivir en murciélagos y pájaros, son innumerables, pero solo siete de ellos -hasta el año 2020- pueden causar enfermedades en humanos.

Son los denominados HCovs (Human coronavirus). Cuatro de ellos (HCoV-229E, HCoV-NL63, HCoV-HKU1, y HCoV-OC43) suelen causar un resfriado común, pero pueden ser graves en personas inmunodeprimidas.
SARS-CoV-2 es el nombre oficial que el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV) le dio en febrero al último miembro de la vieja familia de los coronavirus y que está causando temor en el mundo entero. La denominación viene de "coronavirus 2" (CoV-2) y de las siglas en inglés de Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SARS).
El ICTV escogió este nombre debido al parecido genético entre el SARS-CoV-2 y el SARS-CoV-1, el virus que causó el brote de SARS en 2003, enfermedad que infectó a más de 8.000 personas y mató a cerca de 800. Fuente: BBC
Este coronavirus en particular, era desconocido y probablemente constituye una mutación de un miembro anterior de la familia. Como se sabe, existen teorías conspirativas que aseguran que esta mutación fue creada en un laboratorio y que escapó por fallas de seguridad, o que posiblemente se liberó con la intención de utilizarlo como arma biológica; así mismo, hay científicos que descartan completamente esa posibilidad. Ese es otro tema sobre el cual carezco de los conocimientos necesarios para opinar.
Lo cierto es que nos encontramos ante una amenaza específica que los científicos especialistas en el tema apenas comienzan a conocer; ante una amenaza que tiene la capacidad de propagarse con gran velocidad gracias a sus vectores humanos.
Modelo de desarrollo, sistema inmunológico de la Tierra, cambio climático y aparición del Coronavirus
Muy importante también explorar las posibles -y yo pensaría que indudables- relaciones entre la aparición del virus y las condiciones que han obligado al sistema inmunológico del planeta (que es el resultado de todos los sistemas concatenados de la Tierra, uno de ellos, por supuesto la Biosfera) a generar el cambio climático como estrategia para liberarse de una plaga que lo ha venido alterando de manera grave, y que desafortunadamente es nuestra especie humana.
En un artículo sobre Resiliencia Urbana y Cambio Climático que publicó la revista “El Arrendajo Escarlata”, escribí lo siguiente sobre el sistema inmunológico de nuestro planeta:

Con el perdón de los especialistas que, por supuesto, saben mucho más del tema que yo, me atrevo a afirmar que el sistema inmunológico de cada ser humano no está compuesto solamente por “una red de células, tejidos y órganos que trabajan
en conjunto para proteger el cuerpo”, entre los cuales se destacan los leucocitos y el sistema linfático, sino que de una u otra forma surge de la interacción entre todos los sistemas concatenados del organismo (circulatorio, óseo, nervioso, digestivo,
endocrino, muscular, respiratorio, reproductor, urinario), además del sistema afectivo, del sistema de creencias y valores y, en general del “sistema cultural” del cual cada uno de nosotros es expresión y parte. Esto quiere decir que todo uno es su sistema inmunológico.

Así mismo, tanto en nuestra dimensión corporal como en nuestras dimensiones afectiva, mental y espiritual, todas inseparables e interrelacionadas entre sí, dependemos de sistemas externos, como es el entorno inmediato o más amplio del cual somos parte, o el que de una u otra manera influye sobre nosotros, y de cuya salud depende la nuestra.

La capacidad de nuestros sistemas digestivo o respiratorio para fortalecer de manera efectiva nuestra resistencia-resiliencia, depende de la calidad del agua que bebemos, de los alimentos que consumimos y del aire que respiramos; así como depende también de nuestros sentidos de pertenencia y de significado frente a un paisaje con el cual sentimos Identidad. Por eso la destrucción del hábitat al que pertenecemos nos enferma. Este tema lo abordo con mayor detalle en el artículo “La salud afectiva, emocional y cultural en los desastres" (2011), pues lo considero fundamental para la recuperación de sistemas en crisis.

El Sistema de autorregulación -el sistema inmunológico- del planeta, es también el resultado de esos sistemas concatenados que antes mencionamos: un concepto afortunado para referirse a los sistemas interrelacionados que antes se denominaban “capas de la Tierra”: geosfera o litosfera, atmósfera, hidrosfera, criosfera, magnetosfera y ese resultado vivo de las interacciones entre todos estos sistemas y la energía solar que es la biosfera, de la cual formamos parte los seres humanos con la noosfera y la infosfera que hemos aportado al planeta. 



Lo cierto es que esto que está sucediendo hoy, desde hace mucho tiempo lo veíamos venir. Lo que no sabíamos era que el disparador pudiera ser un virus, aunque sí hubo quienes sí lo advirtieron, entre otros Bill Gates.



Entre otras muchas reflexiones importantes sobre la relación entre la aparición del virus y el modelo de desarrollo dominante, recomiendo esta que realiza la investigadora Liliana Henao Kaffure, del Doctorado Interfacultades en Salud Pública de la Universidad Nacional deColombia y que aparece en el periódico digital de esa Universidad.


Una característica inédita para la Gestión del Riesgo de Desastres: hoy todo ser humano es expresión de la vulnerabilidad y probable vector de la amenaza
Sabido es en Gestión del Riesgo de Desastres, que la condición de amenaza y la condición de vulnerabilidad se generan mutuamente y que las vulnerabilidades de unos “sistemas” son o se pueden convertir en amenazas para otros. Los más vulnerables ante la parálisis de la economía pueden convertirse en protagonistas de amenazas que compliquen todavía más la situación.
Así como un virus convierte a la célula que parasita en su aparato reproductor, así cualquier ser humano cuyas células hayan sido parasitadas, se convierte en un vector de la enfermedad.
Si un ser humano ha sido contagiado, es porque es vulnerable al virus (y frente a este lo somos todos los seres humanos, e incluso no hay certeza de que quienes han sobrevivido a la enfermedad hayan quedado inmunizados).
Y como todos somos vulnerables y al mismo tiempo somos vectores actuales o potenciales de la enfermedad, la principal manera de evitar la propagación de la enfermedad es el “aislamiento social”.
Esa particularidad de que todo ser humano sea simultáneamente vector de la amenaza y expresión de la vulnerabilidad, genera condiciones inéditas para la Gestión del Riesgo de Desastres, aunque seguramente no para la infectología ni para la inmunología, especialidades que ya se han enfrentado muchas veces a otras epidemias y pandemias, aunque nunca antes con una cobertura tan global.
En cuanto a los desafíos de lo que en Gestión del Riesgo de Desastres se denominan Respuesta (fundamentalmente Atención de la Emergencia), Recuperación y “Reconstrucción”, esa particularidad de que la cercanía entre dos personas o más personas incrementa el riesgo, también obliga a redefinir muchas de las estrategias que hemos aprendido, por lo general en desastres en desarrollo, para superar cada etapa.

¿Cómo apostarle, por ejemplo, a “la autoconstrucción de sujetos sociales” en las circunstancias actuales? ¿Cómo lograr esa "transformación humana individual y colectiva" que en los desastres convencionales se logra mediante la participación activa de las personas y comunidades afectadas, en la construcción de la nueva realidad que sustituirá a la que se ha perdido como consecuencia del desastre?


“Así por ejemplo, nos dimos cuenta de que si bien en un principio, la reconstrucción de las casas físicas constituía el objetivo principal de todo ese proceso en el cual estábamos empeñados, tanto para nosotros como institución pública, como para las comunidades directamente afectadas, al final esa casa reconstruida se convertía exclusivamente en un subproducto útil del proceso, pero el resultado principal era la transformación humana, individual y colectiva, de quienes estábamos formando parte del mismo: la madre cabeza de familia que nunca antes había pegado un ladrillo y que se daba cuenta de que era capaz de construir su propia casa y ayudar a construir la de sus vecinos; la comunidad que descubría, en sí misma, un potencial que a lo mejor ni siquiera había sospechado; la entidad del gobierno y sus funcionarios, que comenzábamos a entender qué significaba realmente aquello de la “participación comunitaria”… y que disfrutábamos de la oportunidad excepcional de desmontar y rearmar totalmente una institución pública, para colocarla al servicio de un proceso atrevido y hasta entonces inédito.”

Un desastre silencioso, sin destrucción de infraestructura (al menos por ahora)



La metáfora de “la tormenta” que se está usando para referirse a la crisis actual no me parece afortunada, porque precisamente una de las particularidades de este desastre silencioso es que, al contrario de los demás con que tiene que vérselas la Gestión de Riesgo, es que en este  (al menos por ahora), los únicos afectados son los seres humanos. Existen por supuesto enormes daños sobre las economías del mundo en todas las escalas interrelacionadas, desde la global hasta la personal, y seguramente cada vez se evidenciarán mayores efectos sobre las condiciones que permiten la “gobernabilidad”, pero por ahora este es un desastre sin sirenas, sin afectación negativa sobre el ambiente (porque notables efectos positivos sí los hay), sin destrucción de la infraestructura de la cual depende “la normalidad” de los seres humanos. Desde el punto de vista físico/estructural por ahora las ciudades se encuentran intactas.

Hoy los carros, buses y camiones podrían circular porque las vías están en buen estado; los barcos podrían navegar porque las aguas no están agitadas; los aviones podrían volar porque los cielos están tranquilos y los aeropuertos y equipos de navegación no están afectados, pero ninguno de estos medios puede cumplir su función porque incurriría en el alto riesgo de transportar a los vectores humanos de la enfermedad.

Esto no tiene antecedentes en la historia reciente a nivel tan globalLa única vez de que tengo memoria, que se han paralizado todos los vuelos sobre América del Norte, fue el 11 de Septiembre del 2001, cuando a raíz del atentado contra las Torres Gemelas el Gobierno de Estados Unidos ordenó que todos los vuelos civiles que en ese momento volaban sobre ese país o que se dirigían a él, debían aterrizar o devolverse a su punto de partida.

Este video/animación de la NASA muestra cómo se despejó el espacio aéreo sobre Estados Unidos inmediatamente después de que el Gobierno tomó esa decisión

Un fenómeno natural que generó una gran parálisis aérea a nivel subcontinental fue la erupción del volcán Eyjafjallajökull entre el 14 y el 20 de Enero de 2010.
Las aerolíneas calcularon que la nube volcánica canceló más de 100.000 vuelos y afectó a 1,2 millones de pasajeros, aunque otras fuentes elevan mucho esa cifra. Decenas de miles de pasajeros quedaron atrapados por motivos laborales o personales lejos de sus casas y las posibilidades de viajar por otros medios —carretera, ferrocarril, barco— se agotaron a gran velocidad. (Nota GW-Ch: Hoy, en el caso de COVID-19, esta opción es imposible)
El tráfico entre Europa y el resto de continentes llegó a ser mínimo. Los daños económicos, en una época de crisis, fueron importantes: sólo el turismo español perdió 252 millones de euros​ y las aerolíneas aseguraban haber perdido 1.264 millones de euros.
Pero definitivamente la parálisis casi total de vuelos en el mundo, por un tiempo tan largo como el que ya llevamos y el que todavía falta antes de que se puedan levantar estas restricciones, no tiene antecedentes, lo cual constituye otra indudable particularidad de este desastre.
Las amenazas concatenadas
Son aquellas amenazas, algunas de las cuales pueden convertirse en desastres cuando existen factores de vulnerabilidad que les impiden al territorio, a sus ecosistemas, a la institucionalidad y a las comunidades, absorber sin traumatismos sus efectos.
Muchas veces sucede que el fenómeno que desencadena un desastre no genera tantas pérdidas humanas y materiales como los que generan las amenazas y los desastres que se derivan del impacto inicial.
Tal fue el caso de las avalanchas (flujos de lodos) posteriores a las erupciones volcánicas del Ruiz/Cumanday en 1985 y del volcán Nevado Huila en 2008; y de los 3002 deslizamientos y la avalancha que desencadenó un terremoto en el cañón el río Páez en 1994. El fenómeno inicial causó pocos daños (cuando los causó) pero las amenazas subsiguientes o concatenadas generaron la mayor cantidad de víctimas humanas y de destrucción.
 
Gráficas que muestran el tipo de amenazas que se pueden derivar de un terremoto, los factores de vulnerabilidad frente a cada una de ellas y posibles medidas para mitigarlas (G. Wilches-Chaux)
Lo mismo sucedió con la cadena de acontecimientos que desencadenó el terremoto del 11 de Marzo de 2011 frente a la costa de Honshu en Japón: el gran tsunami y el accidente nuclear de Fukushima, al cual hicimos referencia al principio de este artículo. Un claro ejemplo de cómo un fenómeno natural (terremoto), genera otro natural (tsunami) y este a su vez desencadena un accidente tecnológico.
Un fenómeno natural, como un terremoto o el paso de un huracán que generen un desastre, pueden desencadenar procesos de vandalismo generalizado de alto impacto, lo cual se ha convertido, con contadas excepciones, en la regla general: Banda Aceh, Indonesia (2004), New Orleans (2005), Pisco, Perú (2007) y Cancún, México (2007), L’Aquila, Italia (2009), Haití y Chile (2010).
Al final de la segunda parte de un artículo sobre el terremoto de Chile de 2010 que encuentran aquí y que invito a mirar, propongo la siguiente Conclusión:
La construcción de gobernabilidad, fundamentada en el respeto, la convivencia y la confianza mutua entre el Estado y las comunidades, es tan importante para la gestión del riesgo, como el ordenamiento territorial, la construcción sismo-resistente o la preparación para responder a emergencias. La gobernabilidad se construye desde la base social hacia arriba y en algún porcentaje puede depender del uso legítimo, responsable y controlado de la fuerza por parte de los organismos de seguridad del Estado, pero eso debe ser lo excepcional, no la esencia.
Toco madera mientras me hago esta pregunta (para que no suceda): ¿Qué pasaría, por ejemplo, si en este momento ocurriera un sismo de gran magnitud en Medellín o en la zona montañosa del norte del Cauca? ¿O en la zona fronteriza (y altamente sísmica) entre Norte de Santander y Venezuela? ¿O en Samaniego (Nariño) o en cualquiera de las muchas zonas colombianas 'contaminadas' con minas antipersonales? (Según la Vicepresidencia de la República, en el 62% de los municipios del país existe ese flagelo).
La gran pregunta: ¿Qué amenazas concatenadas pueden seguir -o ya están surgiendo- como consecuencia del desastre sin sirenas que estamos viviendo?
La más grave, sin duda es ya -y cada día se agrava más- el impacto del “Aislamiento Social” sobre las economías del país, las cuales menciono en plural porque la afectación resulta tan desastrosa para la economía formal, como para toda la amplia gama de las economías informales, y para las economías de supervivencia que ejercen quienes literalmente sobreviven con lo del día, ya sea en trabajos relativamente formales como en actividades extremas del rebusque


Este Video de Víctor de Currea Lugo sobre "La otra cara de la Pandemia" ilustra la situación de desastre cotidiano que constituye la forma de existencia de miles de familias colombianas y que la pandemia agrava todavía más.

Todo esto tiene que ver con las condiciones que permiten o que impiden que exista una efectiva gobernabilidad, las cuales en gran medida están ausentes en Colombia.
De todas maneras no existe nada ni nadie en en el país que no resulte afectado en mayor o menor medida, por esta consecuencia de la crisis fractal. 

[Pregunta necesaria: ¿Qué papel están jugando en este momento y qué papel van a jugar en el futuro las economías ilegales ligadas al narcotráfico y a otras actividades ilícitas?]

Volvamos al tema del desastre social actual y potencial: el padre Francisco de Roux, Presidente de la Comisión de la Verdad, en un artículo titulado “Nos creíamos invencibles”, describe una de esas amenazas derivadas de la pandemia, y cuyas consecuencias pueden llegar a ser más graves que las que produce directamente el virus:
Como nosotros, millones en Colombia trabajan en sus casas y reciben ingresos. Pero hay otros millones que comen de lo que ganan en el día, que no pueden comprar un bulto de papa porque pagan cada noche por la libra de arroz y el cuarto de aceite.

¿Qué va a ser de ellos? ¿Cómo van a sobrevivir encerrados cuando pasen tres semanas, o 20? Son las preguntas de madres solteras populares, de miles de pequeñas iniciativas familiares que venden en la calle, de millones de hogares donde la casa es un hacinamiento de dos cuartos donde viven del rebusque cinco o siete personas. Estas preguntas ponen a prueba al Estado y a la solidaridad de todos nosotros. Si todos dependemos de todos y no respondemos, esa multitud va salir a llevarse lo que haya en tiendas y supermercados, porque nadie puede dejar morir a su familia. En necesidad extrema todas las cosas son comunes, escribió el teólogo Tomás de Aquino. Si esa multitud sale a la calle nos invadirá el virus.

El Gobierno nacional y los alcaldes han de ir más lejos para estar a la altura de las exigencias de la crisis. Las empresas privadas y los bancos tienen que actuar. Y es una obligación personal de cada uno de nosotros, ciudadanos. Parece desproporcionado decirlo pero es un asunto de vida o muerte. De todos en la cama o todos en el suelo. ¿Seremos capaces esta vez de comportarnos como seres humanos?
Recomiendo leer los siguientes artículos:



Procesos simultáneos e interrelacionados
Mientras la crisis generada por el Coronavirus avanza en sus alcances territoriales y en su complejidad, otros procesos “normales” de distinta índole continúan su evolución. El COVID-19 incrementa la complejidad de todos y cada uno de esos procesos, y de generar cualquiera de ellos una emergencia o un desastre, dicha situación incrementaría a su vez los impactos la crisis de salud y de todos y cada uno de los efectos que ésta genera. Estaríamos ante un ejemplo claro de retroalimentación positiva: lo que sucedería con un calentador de agua cuyo termostato en lugar de desconectar la corriente una vez el agua llegue a una temperatura predeterminada, incrementara el voltaje hasta que el agua se caliente tanto que haga estallar el sistema.
Me limito, por razones de espacio a mencionar solo algunos de esos procesos que se encuentran en curso en el país:
- Todas las dinámicas generadas de la variabilidad climática (como son las temporadas secas y las temporadas de lluvias), las cuales pueden alterar la ya de por sí muy complicada situación. En estos días, por ejemplo, informa la revista Semana Sostenible que bajó el nivel del agua en los embalses que abastecen a Bogotá y sus municipios vecinos: La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), informó que los embalses de Neusa, Sisga, Tominé, Chuza y San Rafael, que hacen parte de la cuenca alta del río Bogotá, están en un 41% de su capacidad total. La entidad hizo un llamado al ahorro de agua.”
- Continúan los incendios forestales en varias regiones de Colombia, lo cual desestabiliza los ecosistemas y factores de los cuales dependen la estabilidad y la seguridad hidro-meteorológica de los distintos territorios del país, y reduce la capacidad de los territorios para aguantar el impacto de los efectos de extremos climáticos como el Niño o La Niña, si se llegaran a presentar.
- Continúan dinámicas normales y propias de la corteza terrestre, como son los terremotos y la actividad -valga la redundancia- de los volcanes activos, como el Ruiz/Cumanday. Y en el mes de Junio comienza la temporada de huracanes del Caribe, que para bien unas veces y para mal otras, impacta también de manera directa o indirecta al territorio nacional.


El volcán del Ruiz/Cumanday
Foto desde Bogotá - Abril 4, 2020
- Continúan las acciones armadas que afectan especialmente a comunidades rurales que a su vez ya están siendo amenazadas por el COVID-19. Se siguen reportando todos los días desplazamientos de comunidades y asesinatos de líderes sociales y de excombatientes de las FARC que se acogieron al Acuerdo de Paz.
Una buena noticia que se le puede atribuir al Coronavirus, es que el 28 de Marzo el Ejército de Liberación Nacional ELN, declaró un “Cese al Fuego Unilateral y Activo” entre el 1° y el 30 de Abril.
- Varias comunidades siguen siendo afectadas por riesgos latentes y por desastres continuados y sin solución, o por epidemias como el dengue y el SARS, que siguen causando víctimas especialmente en climas calientes como los del Pacífico colombiano.

- Municipios afectados por megaproyectos como el de Hidroituango, en el Bajo Cauca antioqueño, que temen que ante el Coronavirus, hayan salido de la lista de prioridades de atención de los Gobiernos Departamentales y Municipales y del Gobierno Nacional. En el caso de Hidroituango, sigue la presencia en el territorio de grupos armados ilegales, continúan los asesinatos y las amenazas contra líderes sociales, las amenazas de desplazamientos, y la pérdida de sus territorios y de sus fuentes de subsistencia, a lo que ahora se suma la amenaza del COVID-19, sin que los municipios cuenten con la mínima infraestructura necesaria para atender y controlar el avance de esta nueva amenaza.

- La decisión del Gobierno de Trump de movilizar flotas de guerra al Mar Caribe frente a la costa de Venezuela y al Océano Pacífico Oriental frente a las costas suramericanas, con el pretexto de combatir el narcotráfico, cuyo liderazgo atribuyen a Nicolás Maduro, contribuye a enrarecer todavía más el ya de por sí muy difícil panorama continental, y por supuesto puede complejizar todavía más el escenario del desastre actual y de futuros riesgos para el país.
De llegarse a desencadenar un conflicto bélico, con la muy probable intervención de países que apoyan al régimen venezolano, podríamos estar ad portas de una 3ª Guerra Mundial en medio de la pandemia. Difícil imaginar un escenario peor para la región y para la humanidad en general.
Preguntas:
Ya existen, por supuesto, múltiples reflexiones y debates sobre el papel de la internet y de las redes sociales en este escenario de desastre, y sobre el importante papel que los medios virtuales han adquirido como estrategias alternativas para permitir la continuidad de procesos vitales para el funcionamiento de las sociedades en medio de esta pandemia que es necesario combatir, principalmente, mediante el “aislamiento social”.
Sin desconocer, ni mucho menos, esa importante función, que sin duda alguna están cumpliendo, por citar solo un ejemplo, en el campo de la educación, ya se discute también en qué medida la indigestión por exceso de información afecta nuestra resiliencia individual y colectiva, sin contar la cantidad enorme de información falsa y desorientadora sobre la pandemia, y la capacidad viral para propagarse que tiene esa información, generada y difundida con la expresa y consciente intención de mal-informar.
Abundan también los foros y medios virtuales en que nos preguntamos si efectivamente las redes sociales logran suplir las carencias afectivas que se derivan del “aislamiento social”. Esperemos que sí.
Pero personalmente, y sin renegar de mi condición de usuario agradecido con la internet y con las redes sociales, he comenzado a preguntarme si no estaremos corriendo con la comunicación, un riesgo similar al que ya corrimos cuando, como conjunto social, aceptamos unas políticas públicas que nos hicieron renunciar a la seguridad alimentaria basada en la soberanía y en la autonomía en la producción de los alimentos básicos para la supervivencia de los territorios regionales y locales, para pasar a depender casi totalmente de las cadenas internacionales de producción que, entre otras consecuencias, condujeron a la desaparición de millones de productores locales. Hoy, en medio de la pandemia, la sociedad colombiana comienza a comprender que eso fue un gran error.
Las comunicaciones satelitales, la internet, por supuesto las redes sociales y la gran mayoría de las aplicaciones que utilizamos para trabajar, para divertirnos y para comunicarnos a través de nuestros computadores y teléfonos celulares, tienen dueños: poderes fácticos que tienen en sus manos la manera de controlar toda la información que fluye a través de ellos (y a quienes nos nutrimos de esa información), y eventualmente el interruptor para desconectarlos si lo llegan a considerar necesario.
Desde antes aún de que entráramos de lleno en esta crisis global, antes incluso de que sospecháramos siquiera que podría surgir, ya nos habíamos vuelto altamente dependientes de la internet. Y en este momento lo somos cada día más, hasta el punto de que en este momento es inconcebible la vida sin esta herramienta que ya en muchos aspectos supera las capacidades de la especie que la creó.
Es bien sabido que un Pulso Electromagnético procedente de una explosión atómica o de una erupción solar de gran magnitud, podría alterar el funcionamiento de todos estos sistemas de los cuales dependemos cada vez más.
Cuando comencé a entender las características de este desastre desatado por el SARS-CoV-2 (lo cual por lo menos para mí no fue tarea fácil, ni todavía lo es), me atreví a compararlo con uno de estos pulsos electromagnéticos, o con un virus informático letal que interfiriera todos estos sistemas informáticos de los cuales hoy dependemos la mayoría de los seres humanos y que hace ya varias décadas, mucho antes de que hubieran alcanzado el nivel de desarrollo a que han llegado hoy, Alvin Toffler, en su libro “El Shock del Futuro”, denominó “la Infosfera”.
Y, aventurándome más en los terrenos de la Ciencia Ficción, me pregunto qué pasaría si este virus mutara en un virus capaz de bloquear toda la Infosfera, como lo está haciendo hoy con la especie humana el SARS-CoV-2.
 ¿Cómo será el Futuro?
En su libro “El hombre en busca de significado” cuenta que cuando alguno de sus compañeros de suplicio en el campo de concentración le preguntó si él creía que iban a sobrevivir, porque de lo contrario todo ese sufrimiento carecía de sentido, él le respondió:
“¿Tiene algún sentido todo este sufrimiento? Porque si no, definitivamente, no tiene sentido sobrevivir?”
Y agrega en el libro: 


La vida cuyo significado depende de una causalidad -ya se sobreviva o se escape a ella- en último término no merece ser vivida”.

No termino por ahora, sin expresar mi convicción, que comparto desde hace mucho años con quienes protagonizan o acompañan de cerca estos procesos, de que a todo lo largo y ancho del territorio colombiano, están presentes esos que en prospectiva se denominan "Gérmenes de Futuro", y que son ejemplos concretos y tangibles de cómo -y en ejercicio de qué Valores Éticos- se pueden abordar creativa y constructivamente los desafíos que nos impone la crisis. Muchos de esos procesos tienen entre sus principales logros, el haber podido germinar, consolidarse y fructificar aún en contra de todas la evidencias aniquiladoras que les son contrarias.



De esto también estoy seguro:
Continuará