domingo, agosto 03, 2014

Lecciones de trabajo en equipo

No, no es un cangrejo: es un equipo de hormigas en la ardua tarea de trasdladar un trozo de pan


En uno de los talleres previos al Encuentro sobre Desarrollo y Biodiversidad en Urabá:
"El territorio se piensa a sí mismo desde el agua y la biodiversidad"

sábado, julio 12, 2014

BIODIVERSIDAD ES LO QUE SOMOS

Hoy la palabra “biodiversidad” es un poco más conocida que hace dos décadas cuando, por ejemplo, términos como “biogeográfico” (el apellido que ostenta la región chocoana que se extiende a todo lo largo de la costa pacífica entre Panamá y el norte del Ecuador), constituían un trabalenguas para la mayoría de los mortales.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, los habitantes de Colombia no siempre nos damos cuenta de la biodiversidad que nos rodea, precisamente porque nacimos, crecimos y vivimos en medio de ella. Somos parte integral de esa biodiversidad.

Como sucede en otros campos, sólo somos conscientes de nuestra biodiversidad cuando nos hace falta. A veces porque viajamos a países de latitudes templadas en donde encontramos bellos paisajes, pero de una uniformidad, de un “juicio” y de una formalidad que nos sorprenden: grandes extensiones cubiertas de bosques formados por dos o tres especies de árboles, cuando no de una sola especie. La explosión de color de la primavera o los paisajes otoñales o de invierno que evocan las postales de navidad. Hermosos sí, pero los sentimos ajenos, como por allá.
Otras veces, en nuestros propios territorios, nos damos cuenta de la biodiversidad perdida, cuando sobrevolamos en avión o recorremos por tierra enormes territorios cubiertos con el color y la textura uniforme de esos monocultivos característicos de la agricultura industrializada, de la hoy en auge industria de los agrocombustibles o de la industria forestal.
Nosotros somos todo lo contrario: paisajes ariscos, vegetación aparentemente “desordenada” (que se rige por el orden propio de la naturaleza, no por el orden humano), texturas que reflejan y muchas veces marcan nuestra manera de ser. No vamos a caer en “determinismos geográficos”, pero tampoco a negar que cada cual ha sido amasado con el barro de donde nació.
Nuestra caprichosa topografía y nuestra condición de país tropical (más precisamente: de país ecuatorial o equinoccial), nos permite pasar en corto tiempo de un ecosistema de alta montaña (como un bosque de niebla, un páramo y a veces un paisaje nevado) a un ecosistema de valle interandino de clima caliente, con todo lo que ello implica en términos de temperatura, de humedad, de gente, de fauna y de vegetación.
O descender desde la Sabana de Bogotá hasta los Llanos Orientales. O, sin salir de Nariño, pasar de la gélida planicie de Guachucal hasta el andén del Pacífico y el puerto de Tumaco. Los vecinos de la Sierra Nevada de Santa Marta pueden abarcar con una sola mirada los picos –cada vez menos- nevados y los bosques de mangle a la orilla del mar. O la vegetación de clima seco de la Guajira y el Valle de Upar.
Incluso nuestras zonas urbanas están rodeadas de biodiversidad. En los Cerros Orientales que le sirven de cabecera a Bogotá, comienza el páramo más grande del mundo: el de Sumapaz (claro que páramos solamente existen en Colombia y en algunas partes de Venezuela, del Ecuador y del norte del Perú). En medio de la ciudad existen algunos cientos de hectáreas de humedales que lograron escapar al buldócer de la urbanización. Y a pocos minutos de los límites de la ciudad, hacia cualquier punto cardinal, paisajes diferentes, otras temperaturas, nuevos olores, nuevas sensaciones y colores.
La ciudad de Armenia estácruzada por cañadas de exuberante vegetación. El Jardín Botánico de Pereira es una selva de guadua y otras especies en medio de la ciudad. Manizales crece en territorio que todavía conserva parte de sus bosques de niebla y toda la dinámica de la “lluvia horizontal”. Cali no se concibe sin los Farallones, ni Bucaramanga sin el Cañón del Chicamocha, ni Medellín ni los paisas sin sus cerros tutelares. Esto para poner solamente algunos ejemplos de ciudades andinas.
Porque en las ciudades del Caribe, o de la Orinoquia y la Amazonia, el mar y los ríos y la selva forman parte integral de las zonas urbanas de la respectiva región.
Ni que decir de las ciudades y pueblos de la costa del Pacífico, donde a pesar de tantas décadas de deterioro ambiental, siguen mandando la parada los ríos y los aguaceros y la selva, cuando no los temblores y el mismísimo mar.
Y uno ahí: alimentándose de lo que produce en abundancia su región, preparado a la manera como se viene haciendo desde muchas generaciones atrás. Porque la biodiversidad también se come. La gastronomía también es expresión de la biodiversidad.
Y uno ahí: hablando y oyendo hablar con el acento específico de cada lugar. Porque la biodiversidad también se narra. (Biodiversidad se escribe con “B” de Ballenato y se canta con “V” de Vallenato).
Y en las zonas de Colombia en donde se materializa la razón por la cual la Constitución dice que somos una nación pluriétnica y multicultural, uno crece y vive (o debería crecer y vivir) con la convicción de que la “igualdad” es el derecho inalienable que le asiste a cada persona y a cada cultura para ser diferente de las demás.
En el colegio nos enseñaban que una de las “causas” de la Independencia había sido la Expedición Botánica que dirigió José Celestino Mutis a partir de 1783. Esa “causa” la repetíamos de memoria, junto a “la influencia de la Revolución Francesa”, “la traducción de los Derechos del Hombre”, “el despotismo de los españoles” y no recuerdo qué otra más. Sin embargo hoy entiendo que la Expedición Botánica no solamente nos mostró por primera vez que (nosotros y nuestra naturaleza) éramos “distintos” de los europeos sino, sobre todo, que esa diferencia no era motivo de vergüenza sino nuestro máximo valor.
En el 2010 coincide la celebración del “Bicentenario de la Independencia” (palabra más fácil de pronunciar que “biogeográfico” pero más difícil de entender) con el “Año Internacional de la Biodiversidad”.
Feliz coincidencia que me da la oportunidad de proponer que más bien hagamos de este año una permanente CELEBRACIÓN DE LA INTERDEPENDENCIA entre nosotros y nuestra biodiversidad. Entre la especie humana y nuestro planeta Tierra, el lugar más biodiverso del Universo conocido.
Cuando descubramos otros lugares “vivos” en el cosmos, seguramente ya no hablaremos del Universo sino del Biodiverso.
Pero mientras tanto no.
Gustavo Wilches-Chaux
Escrito para el Instituto Humboldt en el año 2009



ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE DESARROLLO Y BIODIVERSIDAD EN URABÁ-DARIÉN

El futuro que queremos con paz, calidad de vida, desarrollo, participación, comunidad y biodiversidad

Urabá es conocido en Colombia y en otros lugares del mundo como una región con extensas plantaciones de banano y ahora de palma aceitera, y como uno de los escenarios en los cuales ha alcanzado niveles más sangrientos el conflicto armado, pero tanto en Colombia misma como en el resto del mundo es poco conocido que esta región –y más propiamente la que conforman Urabá y el Darién- es uno de los lugares con mayor biodiversidad en el planeta. No en vano se encuentra en la doble axila que une al Mar Caribe con el Océano Pacífico y a Mesoamérica con América del Sur.
De acuerdo con un documento reciente elaborado por el Jardín Botánico de Medellín, “en las 1’176.633 hectáreas que comprende el Urabá antioqueño, se han identificado 52 ecosistemas que incluyen desde los bosques de tierras bajas más lluviosos del planeta (máxima pluviosidad registrada: 4.000 a 9.000 mm anuales), en límites con el departamento del Chocó; bosques secos de tierras bajas en la frontera con el departamento de Córdoba, bosques de montaña en el Nudo de Paramillo y en el extremo de la cordillera occidental, ecosistemas costeros de manglar y de humedales en la Ensenada de Rionegro y la ciénaga La Marimonda. Así mismo se encuentran ecosistemas marinos propios de un golfo que tiene 498 kilómetros de costas, lo que representa el 18% con respecto al Caribe continental colombiano, siendo Antioquia el segundo departamento de Colombia con mayor  extensión costera después del departamento de La Guajira.” Todo esto significa diversidad de climas, de paisajes, de especies animales y vegetales, de recursos genéticos y, por supuesto, de culturas, pues hoy sabemos la estrecha vinculación y mutua dependencia que existe entre biodiversidad ecológica y diversidad cultural.
La Gobernación de Antioquia, a través de la Secretaría de Ambiente, del Proyecto Integral para el Desarrollo de Urabá y del IDEA, en alianza con el Jardín Botánico de Medellín, está organizando un Encuentro sobre Desarrollo y Biodiversidad en Urabá-Darién que se llevará a cabo el 20 y 21 de Noviembre en Apartadó. La Universidad de Antioquia, que desde hace muchos años cumple un papel muy importante en la región, también se ha unido a la organización y está jugando un papel muy importante en todo el proceso.

El objetivo del Encuentro es que distintos actores de la región, incluyendo autoridades locales, organizaciones comunitarias, empresarios, instituciones educativas, medios de comunicación y comunidad en general, dialoguen entre sí y con instituciones y con expertos nacionales e internacionales, con el propósito de reflexionar conjuntamente sobre la importancia que tiene la biodiversidad como eje para la definición participativa de unos lineamientos estratégicos para el desarrollo regional. El evento se enmarca dentro del Eje Central del Plan de Desarrollo Departamental: “Antioquia la más educada”.
Queremos avanzar hacia la construcción de una visión integral y compartida del territorio, que permita identificar y comprender las dinámicas y las interdependencias entre los seres humanos y los ecosistemas, a sabiendas de que la “seguridad territorial” depende de que ni la dinámica de los ecosistemas se convierta en una amenaza contra las comunidades humanas, ni las dinámicas humanas amenacen los ecosistemas.

En esos diálogos, además de los actores humanos, deben participar también, de manera expresa y real,  los ecosistemas y su biodiversidad, el agua, los suelos, las montañas, el mar. Y no como una mera convención simbólica, sino porque sin su voz y sin su aquiescencia nunca podrá existir verdadera sostenibilidad ecológica, social, cultural ni institucional. Aspiramos a que esas voces lleguen a través del saber local tradicional, de los institutos científicos, de las organizaciones ambientales y de la universidad.
Un insumo y un resultado prioritario de este proceso, es el fortalecimiento de todas las capacidades para el liderazgo que existen en la región. Esto incluye desde proponer transformaciones en la escuela, que propicien que desde la infancia misma los niños y niñas de la región comiencen a comprender de manera integral el territorio del cual forman parte, y que en un futuro no remoto va a depender de las decisiones que  ellos tomen, hasta facilitar la incorporación de la dimensión ambiental en la agenda de los líderes actuales comunitarios, empresariales e institucionales. Pasando, claro, por el apoyo a las organizaciones de jóvenes que hoy le apuestan a una región en la cual sea posible la vida con calidad y dignidad.
Antes del Encuentro se realizarán al menos tres encuentros previos, uno en cada una de las tres subregiones de Urabá. Se espera que en esos encuentros previos los actores locales definan las visiones y propuestas que llevarán al Encuentro de Noviembre. Las organizaciones de jóvenes deben tener un protagonismo especial en el proceso.

Ponemos especial énfasis en un enfoque de derechos de la infancia y la adolescencia, porque esos derechos son reconocidos internacional y nacionalmente (derechos prioritarios e irrefutables) y porque se supone que si el desarrollo genera condiciones reales que permitan el ejercicio efectivo de esos derechos, no solamente será benéfico para niños, niñas y adolescentes, sino para el territorio y sus actores en general.

También porque quienes hoy se encuentran en la infancia y en la adolescencia llegarán a la edad adulta precisamente cuando los efectos del cambio climático se estarán manifestando con mayor intensidad. Tenemos el deber de dotar desde ahora a niños, niñas y jóvenes de capacidades que les permitan enfrentar satisfactoriamente ese y otros desafíos de este planeta cambiante.

Se busca que como resultado del Encuentro y del proceso de preparación que lo precede, surjan desde la región misma una serie de lineamientos que orienten cómo tiene que ser el futuro desarrollo en Urabá-Darién y qué requisitos debe cumplir cada inversión (incluidas las “carreteras para la prosperidad” y el puerto que está planeando la Gobernación), de manera que las principales beneficiarias sean las comunidades locales y que no se ponga en peligro la integridad y la diversidad de sus ecosistemas, pues de eso depende la viabilidad del territorio frente a los efectos de los extremos climáticos que la van a afectar como consecuencia de los procesos climáticos globales y regionales que ya existen y de los que van a venir.
Bloques temáticos
Primer bloque temático: A la hora de la verdad dependemos de la biodiversidad

Esperamos obtener a partir de los diálogos que tengan lugar en este bloque, una mejor comprensión de la lógica de las interacciones entre los distintos ecosistemas y actores sociales e institucionales de la región, y particularmente de aquellas dinámicas que surgen del Darién, del golfo de Urabá, de la cuenca del Atrato y en general de la posición de la región en el planeta.

Segundo bloque temático: Desarrollo armónico con la biodiversidad y la comunidad
Vamos a dialogar alrededor de dos ejes:
1.    Grandes proyectos de desarrollo y su relación con el territorio, la comunidad y la biodiversidad, a partir de preguntas como ¿Qué dimensiones y precauciones deben ser tenidas en cuenta en cada proyecto de desarrollo de manera que no se afecte negativamente el patrimonio natural, social y cultural de la región?

2.    La biodiversidad y las oportunidades que ofrece para un nuevo enfoque del desarrollo, y su importancia en temas como el Biocomercio, la Seguridad, soberanía y autonomía alimentaria, la Agroecología, el Turismo de naturaleza y los Sistemas productivos sostenibles.

Tercer bloque temático: Paz con los ecosistemas y paz  entre los seres humanos en Urabá-Darién:
¿Cómo entender el territorio, la biodiversidad, el desarrollo y los impactos de procesos como el cambio climático desde la seguridad humana?

¿Cómo garantizar que en la planificación, ejecución y evaluación del desarrollo estén presentes de manera efectiva el enfoque de género y los derechos de la infancia y la juventud?
¿Cómo convertir este, que ha sido un escenario de guerra, en un territorio en donde sea posible que germine y fructifique la semilla de la paz?
Cuarto bloque temático o bloque de conclusiones: Qué aprendimos, qué acordamos, a qué nos comprometemos
En cuatro mesas de trabajo (1. Aspectos ecosistémicos y climáticos, 2. Infraestructura y desarrollo armónico con los ecosistemas, 3. Urabá-Darién, territorio para la paz y 4. Educación pertinente y de calidad para la región) se cocinarán los ingredientes acopiados y generados en los tres bloques anteriores y se responderán las siguientes preguntas:

-       ¿Qué aprendizajes y desafíos nos llevamos de este evento?

-       ¿Qué requisitos mínimos tiene que cumplir el desarrollo en Urabá-Darién?

-       ¿A qué nos comprometemos y qué les ofrecemos a los demás actores de la región?

-       ¿Qué acuerdos mínimos establecemos o visualizamos como posibles?

-     ¿Cuáles son los criterios que deben regir cualquier acción de desarrollo en Urabá, con base en proceso previo al seminario y los resultados del mismo?

Hemos invitado a una serie de observadores internacionales que incluyen a UNICEF, PNUD y UNCDR. Esperamos que representantes de esas instituciones intervengan para comentarnos cómo vieron y cómo sintieron el Encuentro, y que en lo posible asuman en el futuro el papel de garantes para que quienes toman las decisiones del desarrollo regional tengan en cuenta los lineamientos que surjan del encuentro.

Gustavo Wilches-Chaux
Director Académico

Mayor información en el mail encuentro.uraba2014@gmail.com 

Artículos relacionados con el enfoque de este proceso:
EL CONCEPTUARIO DE LA SOSTENIBILIDAD
Compromisos éticos y políticos que debería generar la utilización de ciertos términos en el discurso del desarrollo

BIODIVERSIDAD ES LO QUE SOMOS

LA BIODIVERSIDAD Y EL RETO DE VIVIR EN UN NUEVO PLANETA
Parte I
Parte II

¿QUÉ SIGNIFICA "ORDENAR EL TERRITORIO ALREDEDOR DEL AGUA"


sábado, junio 21, 2014

EL FENÓMENO DE EL NIÑO: UN SIMULACRO GENERAL PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Qué (quiénes) son ENOS y El Niño

Como es bien sabido, El Niño constituye la llamada “fase cálida” de ENSO: El Niño Oscilación Sur, que es una dinámica climática de carácter global, que en la práctica comprende dos fases: una cálida, El Niño y una fría: La Niña.
Su aparición a través de alguna de sus fases, se produce de manera “cuasi-periódica”, es decir, que no ocurre con intervalos regulares, aunque “algunos investigadores, aproximando cifras recogidas durante los últimos 50 años, afirman que el periodo de retorno del fenómeno ENOS de cualquier intensidad suele oscilar entre 3 y 5 años, mientras que el periodo de retorno de ENOS intensos anda por los 15 a 20 años”.
En el norte del Perú El Niño se manifiesta con fuertes lluvias y desbordamiento de ríos. En 1982-83 destruyó grandes puentes, lo que dió origen a los "camareros", o hidro-transportadores en "cámaras" (neumáticos)
ENOS forma parte de la llamada “variabilidad climática”, es decir, de esa característica de la esencia del tiempo meteorológico (el que tiene lugar en la troposfera, “la capa de los cambios”), que consiste en estar cambiando de manera permanente. El clima también comparte esa característica (por eso se llama “variabilidad climática”) pero sus cambios se producen en periodos mucho más largos que los del tiempo atmosférico; para poder “definir” el clima de una región se requiere que haya en ella unas condiciones más o menos estables durante un periodo no menor a 30 años.
Convencionalmente se ha adoptado el término cambio climático” para referirse al conjunto de efectos que genera el impacto de la actividad humana (emisión de gases de efecto invernadero, deforestación, etc) sobre los sistemas interconectados de cuya interacción surgen el clima y el tiempo: atmósfera, hidrósfera, criósfera (hielo, nieve)… En general: la biósfera.
Guía de LA RED para la Gestión Radical de riesgos asociados con el fenómeno ENOS
Uno de los posibles impactos del cambio climático sobre la variabilidad climática puede ser que El Niño y La Niña se presenten de manera más frecuente o con características más extremas, que generen un impacto mayor. En este momento, sin embargo, nadie podría afirmar con absoluta certeza que La Niña 2010-2011 que produjo tantos estragos en Colombia, o que El Niño que tiene una muy alta probabilidad de afectar al país a partir del segundo semestre de este año, sean expresiones “normales” de la variabilidad climática, o si ya reflejan la influencia del cambio climático.
Ese próximo El Niño se viene formando desde hace varios meses y su principal síntoma es el incremento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial frente a las costas, principalmente, de Ecuador y Perú. Afirman las instituciones nacionales e internacionales que estudian el tema, que también existe probabilidad de que sea uno de los más fuertes que, hasta ahora, hayan afectado al país.

El Niño se expresa de manera diferente en distintas regiones del país

El Niño no se manifiesta de la misma manera en las distintas regiones de América del Sur, e incluso tampoco en todas las regiones de Colombia. En Ecuador y Perú ha generado en el pasado un incremento exagerado de las lluvias, con los consecuentes desbordamientos de ríos, inundaciones, destrucción de puentes, etc. Pero además, pérdidas económicas y traumatismo social, especialmente en las comunidades de pescadores, pues la elevación de la temperatura de las aguas del mar se traduce en una notable reducción de las poblaciones de peces y otros “frutos del mar”. Ese aumento de las lluvias también ha incrementado la productividad de algunas zonas normalmente muy secas del norte del Perú, lo cual constituye una ventaja, que lamentablemente no compensa las enormes pérdidas que genera en otros lugares. Recordemos que quienes primero denominaron “El Niño” a este fenómeno, fueron los pescadores peruanos, que sabían que solía presentarse en la época de Navidad (como “el veranito del Niño” en Popayán).
Acueducto
En el sur de Colombia y especialmente en la Costa Pacífica, El Niño también se ha manifestado en el pasado con aumento del oleaje, elevación del nivel del mar, deterioro de corales, aumento de lluvias, desbordamiento de ríos e incremento de la temperatura ambiental. O sea, más calor y más humedad.
En las regiones Andina y Caribe, en la Orinoquia y en algunas partes del Amazonas, El Niño se ha manifestado con reducción de la pluviosidad, sequía, incremento de la temperatura diurna y descenso de las temperaturas nocturnas y al amanecer (lo cual se traduce en heladas que afectan de manera grave a los agricultores andinos), deterioro de los suelos por disminución de la humedad, incendios forestales, baja producción o pérdida de cosechas, encarecimiento de alimentos y todos los demás efectos que se derivan de la falta de agua. Lo poco que queda de los casquetes de nuestros nevados por supuesto que también va a lesionar. En todas las regiones se generan, además, cambios en los patrones de morbilidad, pues al cambiar las condiciones del ambiente cambian también muchas de las afecciones –físicas y sicológicas- que se suelen presentar.
Efectos de la sequía en Hatonuevo, Guajira

¿Cómo nos preparamos y cómo nos adaptamos?

Tras el “apagón” que duró varios meses y que afectó de manera tan grave a Colombia en 1992-1993 (que también tuvo efectos positivos como el programa “La Luciérnaga”, la recuperación de espacios y momentos para la reunión familiar y el descubrimiento para mucha gente de que también brillaban las estrellas en el cielo de las grandes ciudades), el sector energético se fortaleció a través de distintas estrategias para reducir su vulnerabilidad frente a los extremos climáticos, entre otras la diversificación de sus fuentes. Este es un muy buen ejemplo no solamente de medidas de gestión del riesgo frente a un fenómeno como El Niño, sino de adaptación al cambio climático. O sea que hoy resulta menos probable que el fenómeno de El Niño se traduzca en un fuerte racionamiento de electricidad (aunque no descarto la necesidad de medidas para economizar).
En varias entrevistas recientes el Director del IDEAM y otros funcionarios han comentado los planes de contingencia que se están adoptando en distintos sectores del Estado (en particular en el energético, el de acueductos, el sector salud y en general en todas las instituciones que conforman el Sistema Nacional Ambiental y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo), para enfrentar los efectos del fenómeno de El Niño. Por ejemplo 
Informes de SEMANA sobre El Niño: 1, 2, 3
Torre de energía en Popayán
De acuerdo con los escenarios de cambio climático que se han elaborado en el país, lo más probable es que en el futuro, en las mismas regiones en las cuales El Niño se manifiesta a través de una reducción de las lluvias y por ende de la disponibilidad de agua para los ecosistemas y las comunidades, ese sea el efecto permanente del cambio climático.
O sea que este El Niño que viene va a constituir una especie de “simulacro general” para evaluar no solamente qué tan bien preparado está el país para enfrentar unas emergencias puntuales, sino qué tan adaptados estamos para convivir sin traumatismos con esa nueva realidad le les impone a nuestros territorios el cambio climático,
Obras de infraestructura como reservorios de agua de distintos tamaños, canales, diques y otras son necesarias y útiles para la adaptación, siempre cuando se lleven a cabo como parte de estrategias integrales de gestión del territorio. Entre otras razones, porque deben reducir la vulnerabilidad frente a todos los extremos, tanto aquellos producidos por exceso de agua como por carencia de ella. De lo contrario va a ocurrir lo que ya estamos viendo en varias partes del país, donde poblaciones que en La Niña estuvieron cubiertas de agua, luego de lo cual se realizaron en ellas grandes inversiones, hoy, aún antes de El Niño, sufren por los efectos de la sequía.
Un “ordenamiento del territorio alrededor del agua”, como el que plantea el POT de Bogotá (lamentablemente hoy suspendido), será necesario en todo el país para que podamos convivir con extremos climático. Ese plan no respondió a un embeleco del Alcalde Petro sino a un estudio cuidadoso y sistemático de la manera como deben transformarse las relaciones entre las dinámicas humanas y las de los ecosistemas de los cuales dependemos y con los cuales compartimos (0 más bien: somos) el territorio.

Valores para la convivencia entre nosotros y con los ecosistemas

Algo a lo cual se le debe poner mucho más énfasis, es a la necesidad de generar ambientes de convivencia en los cuales sea posible recuperar y fortalecer valores como la Identidad, el sentido de Pertenencia, la Solidaridad, la Equidad, la Reciprocidad y la Hospitalidad del territorio, no solamente con los que vienen de afuera sino con quienes formamos parte de él. Todo esto, entre otros propósitos, con el objeto de que podamos aprender a transformar los conflictos, particularmente aquellos relacionados con el agua y con el acceso a suelos fértiles y a climas habitables. A medida que se vayan haciendo más evidentes los efectos de los extremos climáticos, en esa medida aumentarán los desplazados ambientales, incluyendo los que he llamado “desplazados in situ”: aquellos grupos de población que si bien no cambian de coordenadas, se encuentran de repente viviendo en territorios que se han transformado tanto que ya son incapaces de reconocer y de reconocerse dentro de ellos. Esto ocurre ya en muchos lugares de colombia y no tanto por ahora como resultado del cambio climático sino de la manera como se llevan a cabo muchos proyectos de desarrollo.
Recordemos que Colombia tiene el vergonzoso record de ser uno de los países del mundo con mayor cantidad de minas antipersonales sembradas en el territorio. En varias veredas el pozo de agua ha sido minado por actores armados fuera de la ley, como una manera de ejercer control del territorio y de evitar que integrantes de las Fuerzas Militares se abastezcan en ellos. Las que en últimas terminan siendo más perjudicadas son las comunidades que pierden el acceso a su agua, con todas las consecuencias desastrosas que se derivan de ahí. Esto ocurre hoy sin El Niño y sin cambio climático. ¿Qué puede suceder en esos y en otros territorios, cuando se incremente la competencia por unos recursos y unas condiciones que han posible la vida con calidad y dignidad?
Transformar la manera sangrienta como tramitan esos y otros conflictos actuales y los que están por venir, se resume en dos palabras: LA PAZ.
Sin no hay paz en Colombia tampoco será posible una verdadera adaptación al cambio climático. Y así mismo, tampoco habrá una verdadera paz si no se redefinen las prioridades del desarrollo y la manera como la Colombia urbana se relaciona hoy con los territorios que ocupan las ciudades y con la Colombia rural.
Dejo por ahora simplemente mencionada otra dimensión del desafío adaptativo, estrechamiento ligado con la paz: la posibilidad que nos debe ofrecer el territorio para obtener seguridad y salud afectiva, emocional y cultural. Lo resumo con el título de un bello libro boliviano, escrito por el alemán Stephan Rist: “Si estamos de buen corazón, siempre hay producción”.
Sobre esto conversamos en una próxima oportunidad.
Bogotá, Junio 14 de 2014


domingo, mayo 11, 2014

LA VIDA ES UN CONJUNTO DE ALIANZAS


G. Wilches-Chaux, IDIGER 2014

martes, abril 29, 2014

De la Gestión del Riesgo a la Adaptación al Cambio Climático

La Alcaldía de Bogotá y el Concejo Distrital  tomaron la decisión de transformar el FOPAE (Fondo para la Prevención y Atención de Emergencias), en el INSTITUTO DISTRITAL DE GESTIÓN DE RIESGOS Y CAMBIO CLIMÁTICO
IDIGER y de crear el SISTEMA DISTRITAL encargado del tema.

Gestión del riesgo, gestión ambiental, administración del desarrollo sostenible, seguridad humana, seguridad territorial, adaptación al cambio climático… Seguramente podrían escribirse –o se han escrito ya- miles de tomos para explicar en qué consiste cada uno de esos conceptos y de las “disciplinas” que los aplican, y por qué se usan nombres distintos para cada una de ellas. 



Sin embargo, en el fondo y en la práctica, todas apuntan o deberían apuntar a lo mismo: buscar la manera de que las actividades humanas puedan coexistir armónicamente con las dinámicas de los ecosistemas, sin que las primeras se conviertan en amenazas contra las segundas, ni las segundas contra las primeras.
De alguna manera, la palabra que engloba mejor ese propósito es ADAPTACIÓN, ligada estrechamente a la Teoría de la Evolución propuesta por Charles Darwin en el siglo XIX, de acuerdo con la cual los seres vivos se transforman de generación en generación como una respuesta necesaria a las exigencias del ambiente en que les toca vivir. Esa adaptación incluye tanto transformaciones estructurales, de los organismos mismos, como transformaciones de comportamiento y capacidad para desarrollar y apropiarse de nuevas maneras de actuar.

No sobreviven ni dejan descendencia los más fuertes, sino los más aptos. O sea, los mejor adaptados para existir en un territorio en particular. Los más flexibles y capaces de adaptarse a los nuevos cambios que se produzcan en el ambiente.

La palabra “adaptación”, sin embargo, tiene un problema: se parece mucho a “resignación”.
Pero no: mientras “resignación” es un concepto pasivo (como cuando se refiere a la mujer que se resigna a los malos tratos del marido porque se cree impotente para sobrevivir por sí sola), “adaptación” es dinámico, es activo y, en el caso de los seres humanos, es el resultado de la voluntad, de la decisión y de la capacidad (la mujer que no se resigna más a los malos tratos del marido sino que lo manda al diablo y reconoce y echa mano de sus capacidades para seguir adelante sin él).

De todas maneras hay una palabra que me gusta más que adaptación: es COEVOLUCIÓN.
Tiene sus raíces también en Darwin y en quienes continuaron trabajando en el campo de la evolución, pero avanza mucho más allá. Reconoce que los seres vivos nos transformamos como respuesta a los cambios del ambiente, pero al hacerlo generamos nuevos cambios en ese mismo ambiente, a los cuales debemos responder con otros cambios en nuestras estructuras y en nuestros comportamientos, que a su vez producen más cambios ambientales… y así.

La COEVOLUCIÓN reconoce la existencia de una sucesión permanente de transformaciones mutuas entre los seres vivos y su ambiente. Que también, hay que decirlo de manera expresa, es un ser vivo. EL AMBIENTE ES UN SER VIVO.

Nosotros los seres humanos y nuestras comunidades somos seres vivos que formamos parte de ecosistemas y que interactuamos con ecosistemas y dependemos de ecosistemas, que a su vez interactúan entre sí para formar ese ser vivo complejo y maravilloso que es el planeta Tierra.
La llamada gestión del riesgo comprende el conjunto de saberes, de decisiones y de actividades que realizamos los seres humanos para reducir los riesgos a que estamos expuestos, con el objeto de evitar que se conviertan en desastres. Y para que, si a pesar de nuestros esfuerzos, hay desastres que no logramos evitar, podamos recuperarnos de los mismos de manera oportuna y adecuada… y ojalá tomando las medidas necesarias para que el desastre no se vuelva a repetir o para que no generemos nuevos y más graves desastres.

Todos los seres vivos, de manera intuitiva, han hecho gestión del riesgo, gracias a lo cual la Vida ha podido evolucionar. El miedo, por ejemplo, es una “virtud adaptativa” que les/nos permite a los animales reconocer el peligro y escapar de él. En los ecosistemas donde la humedad es escasa, las plantas han desarrollado estrategias para “ordenarse en el territorio” de manera que no compitan innecesariamente por la poca agua que hay.

Ah: esa es otra lección importante del post-darwinismo (las escuelas de pensamiento que tienen sus raíces en Darwin pero que han avanzado mucho más allá). El motor de la evolución –de la coevolución- no es necesariamente ni en todos los casos la competencia que aniquila a los demás, sino la cooperación.

Nuestros propios organismos son el resultado de la cooperación en el territorio de nuestros cuerpos, de millones de microorganismos que viven en nuestro interior y encima de nuestra piel, de cuyas interacciones con nuestros órganos y entre sí, depende eso que llamamos “salud”.

Volvamos a la gestión del riesgo: de un par de décadas hacia acá, hemos incrementado nuestra comprensión sobre por qué se generan los riesgos y por qué algunas veces se convierten en desastres.

Hemos entendido que un riesgo es el resultado de la confluencia de dos factores en un mismo tiempo y en un mismo lugar.
El primer factor es un PELIGRO o AMENAZA (A): la posibilidad de que ocurra algún evento o de que avance algún proceso que nos pueda causar cualquier tipo de mal.

El segundo factor es la VULNERABILIDAD (V): nuestra exposición a esa amenaza y nuestra incapacidad para aguantar sus efectos si llega a convertirse en realidad.

El RIESGO (R) es la respuesta a la pregunta: ¿Qué nos puede pasar si llegara a materializarse una amenaza que produzca unos efectos a los cuales somos incapaces de resistir?
R = A x V
El DESASTRE es cuando ese riesgo deja de ser una posibilidad y se convierte en una realidad.

Mediante la gestión del riesgo intervenimos sobre los factores generadores de riesgo sobre los cuales nos queda posible intervenir. No podemos evitar, por ejemplo, que caiga un aguacero (amenaza) pero sí podemos andar con un paraguas y con una chaqueta impermeable para reducir nuestra vulnerabilidad… o podemos, algunas veces, simplemente tomar la decisión de ese día no salir.

En otros casos sí podemos y debemos intervenir sobre la amenaza. El mejor ejemplo hoy, son las medidas que se han tomado en todo el país para evitar que la gente maneje algún vehículo bajo los efectos del alcohol. La decisión de que no haya conductores borrachos es pura gestión del riesgo enfocada hacia la prevención. (Antes la sociedad y sus autoridades dirigían sus mayores esfuerzos a mejorar la capacidad para responder a las emergencias cuando ya habían ocurrido. Hoy, al menos teóricamente y muchas veces en la práctica, están igualmente enfocadas hacia la prevención.)

¿Y qué tiene que ver esto con la adaptación al cambio climático?

Dijimos arriba que el planeta es un ser vivo compuesto por todos los sistemas y los ecosistemas que interactúan entre sí.

Esas que antes llamábamos erróneamente “capas de la Tierra” (como si el planeta fuera una milhoja), son realmente sistemas interconectados o concatenados (encadenados entre sí), que se meten unos dentro de otros y que determinan que cada cambio que experimenta alguno, tendrá influencia sobre todos los demás.
En su condición de ser vivo, la Tierra posee una capacidad de homeostasis o de auto-regulación,  que tiene la misma función que, por ejemplo, tiene el sistema inmunológico en todos los demás seres vivos, incluidos nosotros los humanos: garantizar que podamos responder oportuna y adecuadamente a la presencia de una amenaza. O mejor, de cualquier alteración interna o externa que pueda representar un peligro para nuestra integridad.

Aunque el sistema inmunológico en sentido estricto, es solamente uno de muchos actores de nuestra capacidad de auto-regulación. Rechazamos un virus o cualquier otro agente patógeno gracias a nuestro sistema inmunológico, sí. Pero en ese desafío intervienen todos nuestros demás sistemas concatenados: el circulatorio, el digestivo, el nervioso, el óseo… Y por supuesto, nuestro sistema afectivo, emocional y cultural. Y nuestro entorno familiar y social.

Cuando con la manera como los seres humanos hemos entendido el desarrollo, comenzamos a alterar la composición de la atmósfera terrestre  mediante el aporte excesivo de los llamados “gases de efecto invernadero”, y al mismo tiempo avanzamos en la destrucción de los bosques y en la contaminación de los mares (unas de cuyas funciones es la regulación del gas carbónico o CO2 atmosférico), el sistema de auto-regulación de la Tierra se activó.
Y como ese sistema, producto de cerca de 4.500 años de evolución y coevolución, funciona muy bien, comenzó a generar una gran cantidad de transformaciones planetarias, cuya expresión más evidente es el incremento de la temperatura promedio de la Tierra. Algo que podríamos comparar con lo que sucede en nuestro organismo cuando produce fiebre para liberarse de un virus.

Al conjunto de esas transformaciones planetarias y a los cambios que se derivan de cada una de ellas, le damos el nombre de CAMBIO CLIMÁTICO.

Y como no se limitan solamente al clima, sino que generan efectos directos e indirectos en todas las actividades que llevamos a cabo los 7.300 millones de seres humanos que hoy formamos parte de la Tierra, preferimos darles el nombre de CAMBIO GLOBAL.

Los seres humanos nos encontramos hoy, como individuos y como sociedades, ante el desafío de coevolucionar como única posibilidad para que podamos adaptarnos y sobrevivir a los efectos del cambio global.

Al tiempo que tenemos que actuar frente a las amenazas que nos afectan (como por ejemplo las sequías prolongadas, los aguaceros extremos o el incremento del nivel del mar), tenemos que hacerlo frente a las actividades humanas que generan amenazas contra ecosistemas específicos o contra la Tierra en general, y que los obligan a actuar.

Y tenemos que cambiar la manera como, en el campo y en las ciudades, nos relacionamos con el agua, con el suelo, con el aire, e inclusive entre nosotros mismos. Solamente de esa manera podremos reducir nuestra debilidad frente a los efectos de los cambios. Es decir, nuestra vulnerabilidad.

Por esas y otras razones la GESTIÓN DEL RIESGO y la ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO constituyen dimensiones y retos inseparables.
Bogotá desde la Estación Espacial Internacional (Foto: NASA)
La Alcaldía de Bogotá y el Concejo Distrital tomaron la decisión de transformar el FOPAE (Fondo para la Prevención y Atención de Emergencias), en el INSTITUTO DISTRITAL DE GESTIÓN DE RIESGOS Y CAMBIO CLIMÁTICO – IDIGER.

Y por eso está preparando el decreto mediante el cual se estructura el “Sistema Distrital de Gestión de Riesgos y Adaptación al Cambio Climático”, del cual deben formar parte todas las instancias e instituciones del Distrito.

Y de una u otra manera tendrán que entrar a formar parte las comunidades y sus organizaciones, el sector privado y los medios de comunicación.

Para que de la mano de las instituciones y en armonía con las nuevas dinámicas del planeta en general y de Bogotá en particular, seamos capaces de tomar todos los días las decisiones y de ejecutar las acciones, que nos permitan COEVOLUCIONAR.

SI NO NOS CONVERTIMOS EN ACTORES PROACTIVOS DEL CAMBIO GLOBAL, SUS EFECTOS NOS ACABARÁN POR ECHAR

EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UN HECHO, LA ADAPTACIÓN ES UN DERECHO



Gustavo Wilches-Chaux, Enero 2014
(Material para formación - FOPAE/IDIGER)