sábado, marzo 21, 2015

SOBRE NUBES Y RAYOS

Material elaborado por Gustavo Wilches-Chaux como parte de un proceso de acompañamiento al IDIGER para la consolidación de conceptos relacionados con gestión del riesgo y adaptación al cambio climático

La atmósfera es uno de los sistemas concatenados del planeta. Otros son la hidrósfera (o hidrosfera), la litósfera (o litosfera), la criósfera (escarcha, hielo, en general agua congelada) y, por supuesto, la biósfera, que en últimas surge de la interacción de todos los anteriores y a la cual pertenecen –o pertenecemos- todos los ecosistemas y los seres vivos que formamos parte de ellos.
El concepto de sistemas concatenados reemplaza al de “capas de la Tierra”, que daba la falsa imagen de que todos estos sistemas se encontraban superpuestos paralelamente unos sobre otros, como en una lasaña o en una torta de galletas.
Realmente estos sistemas de la Tierra se entrelazan unos con otros, de la misma manera que, por ejemplo, en cada organismo humano el sistema circulatorio y el nervioso y el digestivo y el inmunológico –y el afectivo- se entrelazan unos con otros y todos dependen de todos.
En la atmósfera encontramos aire (que es una mezcla de muchos gases), agua en distintas formas o estados, y también partículas sólidas de variados tamaños, además de múltiples formas de energía (todas derivadas de la energía solar) que generan dinámicas entre todos los “actores” atmosféricos. 
Unos de esos actores son las nubes. Se encuentran en la troposfera, que es esa porción de la atmósfera que va desde el suelo y la superficie de los cuerpos de agua, incluido el mar, hasta más o menos 10 a 12 kilómetros de altura. En la troposfera, como su nombre lo indica, ocurren esos cambios permanentes a través de los cuales se expresan el clima y el tiempo (el tiempo meteorológico, no el cronológico).


De qué están hechas las nubes
Contrariamente a lo que se suele creer, las nubes no están hechas de vapor de agua sino de millones de gotas de agua líquida y en algunos casos de millones de cristales de hielo, esto dependiendo de la temperatura del lugar de la atmósfera en donde se forman.

Cuando el agua se evapora como consecuencia del calor del Sol, las moléculas de vapor de agua ascienden y se agrupan alrededor de granos de polvo, sal, ceniza, polen y otras partículas sólidas, llamadas núcleos de condensación. Cuando la temperatura alcanza lo que los meteorólogos llaman punto de rocío, el vapor se condensa y se convierte en gotas de agua microscópicas. Si la temperatura es mucho menor (más fría) se convierte en minúsculos cristales de hielo. Unas y otras son tan pequeñas, sin embargo, que su peso (fuerza con que la gravedad de la Tierra las atrae) no alcanza a superar la resistencia del aire y por eso permanecen suspendidas en la atmósfera. Cuando el peso de las gotas de agua o de los cristales de hielo vence la resistencia del aire, se precipitan en forma de lluvia, de granizo o de nieve.
El 22 de Marzo en horas de la tarde cayó una fuerte granizada sobre el centro y sur de Bogotá. Estas pueden ser las nubes que la produjeron
Fotos de la granizada

¿Cuánto pesa una nube?
De acuerdo con Peggy LeMone, investigadora del National Center for Atmospheric Researchde Estados Unidos "una clásica nube cumulus tiene una densidad de medio gramo por metro cúbico. El tamaño promedio de una cumulus es de 1km de largo y al ser, por lo general, cuerpos relativamente cúbicos, entonces asumamos que ese mismo kilómetro lo tiene de profundidad y de altura. Así que, en este caso, el ejemplar promedio tendría un volumen de alrededor de mil millones de metros cúbicos. Ya teniendo la densidad y el volumen podemos calcular cuánta agua está contenida en esa nube, lo cual, en nuestro caso, serían 500 mil kilos. Es decir, cuando te colocas debajo de una nube suave y acolchonada, básicamente tienes arriba de ti 500 toneladas de agua."
La masa de agua y hielo contenida en una nube es enorme, pero está repartida en un volumen tan grande que su densidad es muy baja. Por eso las nubes flotan en el aire, hasta el momento en que, como se afirmó arriba para cada gota o cristal de hielo individual, se precipitan en forma de lluvia, de granizo o de nieve.
Un gran dispositivo eléctrico llamado atmósfera
A medida que ascienden las moléculas de agua en forma de vapor y que las gotas de agua y los cristales de hielo se juntan y se desplazan al interior de las nubes, se van cargando de electricidad.
Normalmente nos damos cuenta de que el aire está cargado de electricidad estática cuando saltan chispas al tocar la chapa de la puerta de un carro o al rozarnos con otra persona que lleva un saco de lana. Eso sucede a todo lo alto y ancho de la atmósfera.
Por alguna razón que los científicos que estudian las nubes todavía no entienden muy bien, en las partes altas de las nubes suelen acumularse cargas eléctricas positivas, mientras que en las partes bajas se acumulan cargas negativas. 
Al “salto” entre unas cargas y otras se le da el nombre de voltaje o diferencia de potencial. Estamos familiarizados con este fenómeno a través de las pilas o baterías, de las cuales decimos que están “cargadas” cuando se mantiene un desequilibrio o diferencia de potencial alto entre el polo positivo (+) y el polo negativo (-) de la pila. Cuando los polos se equilibran, decimos que la pila está descargada. Cuando juntamos un cable conectado al polo positivo de una pila cargada, con otro conectado al polo negativo, salta una chispa entre los dos.
Existe, sin embargo, un dispositivo eléctrico mucho más parecido a lo que sucede en una nube en la cual se encuentran sectores cargados positivamente y sectores cargados negativamente, separados entre sí por capas de aire, que es un material aislante. O lo que sucede entre unas nubes y el aire que las circunda, o entre unas nubes y otras, o entre las partes bajas de las nubes (donde se acumulan cargas negativas) y la superficie terrestre donde se acumulan cargas positivas, separada también de la nube por una capa aislante de aire. Ese dispositivo se llama condensador o capacitor
Ese condensador está formado por dos placas, en una de las cuales se almacenan las cargas positivas y en otra las negativas, las cuales están separadas entre sí por un dieléctrico o material aislador, que puede ser, entre otros materiales, de aire, porcelana o papel.
La principal diferencia entre una pila y un condensador o capacitor es que en la primera la carga depende de reacciones electroquímicas, mientras que en el segundo depende de que el dispositivo esté conectado a un circuito. (Aquí donde me ven, yo aprendí esto por allá en 1970 cuando estudié Radio y Televisión por correspondencia en Hemphill Schools).
En la atmósfera el “circuito” lo conforman los dos o más sectores con cargas eléctricas distintas, ya se encuentren estos al interior de una misma nube, entre dos nubes, entre una nube y el aire circundante o entre la nube y el suelo.
Cuando la acumulación de cargas opuestas entre los dos sectores es tan grande que la atracción eléctrica es capaz de vencer la capacidad aislante del aire, salta una chispa enorme y compleja: el RAYO.
“La física de un rayo es bastante complicada, pero en resumen un rayo (una ruptura dieléctrica) sucede cuando la diferencia de potencial eléctrico entre la nube y el suelo alcanza las decenas de millones de voltios. Y, aunque parece que el rayo sale de la nube hacia el suelo, en realidad sale tanto desde la nube como desde el suelo. Las corrientes eléctricas durante un rayo medio son de unos 50.000 amperios (aunque pueden alcanzar unos cientos de miles de amperios). La potencia máxima durante un rayo medio es de un billón (1012) de vatios. Sin embargo esto solo dura unas pocas decenas de microsegundos.”
Walter Lewin, “Por amor a la física”. Editorial DEBATE, Barcelona 2012. Página 162. Nota de Gustavo Wilches-Chaux: en el texto original dice “…entre la nube y la Tierra”, pero en todos los casos me tomé la libertad de sustituir “Tierra” por “suelo”, por cuanto todo lo que sucede en la atmósfera forma parte de la Tierra.
Hablamos arriba de “chispa enorme y compleja” porque “la descarga comienza de forma gradual e imperceptible desde la nube en dirección al suelo. Entonces el rayo regresa desde el suelo por el mismo camino, visible en forma de resplandor. En un solo relámpago pueden darse más de uno de estos rayos secundarios. El lapso de tiempo entre cada uno de ellos es tan pequeño que el ojo humano sólo puede detectar un único destello. Cada uno de esos rayos no dura más de una fracción de segundo”.
Bruce Buckley, Edward J. Hopkins y Richard Whitaker, “Meteorologia”, Libros Cúpula, Grupo Editorial CEAC. A., Barcelona 2004. Página 121.
¿Para qué sirven los rayos en la biosfera?
Todo lo que ocurre en la biosfera, ese conjunto de todos los ecosistemas del planeta que le otorga a la Tierra el carácter de ser vivo, tiene una razón de ser. De hecho, desde que el planeta estaba en formación hace unos 4.500 millones de años, los rayos han cumplido una función especial en la formación de las condiciones que, aproximadamente 500 millones de años después, condujeron a la aparición de la Vida. Pero ese es un tema en el cual no vamos a detenernos por ahora.
Basta decir que el enorme calor que produce un rayo (cerca de 20.000 grados Celsius) es uno de los responsables de la de la conversión del oxígeno gaseoso (O2) en ozono (O3), un gas cuya importancia para la vida es bien conocida.
Así mismo, los rayos cumplen un papel importante en la fijación de nitrógeno gaseoso en compuestos nitrogenados (combinaciones de nitrógeno con oxígeno gaseoso) que puedan ser utilizados por las seres vivo.
No en vano en la mitología griega le daban el nombre de Amaltea –el mismo nombre de la cabra que crió a Zeus-Júpiter- a “la fertilidad que queda en la Tierra después de las tempestades”.
Curiosamente dos “estructuras” de la biosfera se encargan de ese proceso de fabricación de compuestos nitrogenados: los rayos y las raíces de las leguminosas, asociadas a bacterias nitrogenantes. Ambas, a pesar de encontrarse a tanta distancia en términos de fenómenos de la biosfera, se asemejan en su forma ramificada.
¿Por qué son peligrosos los rayos para los seres humanos?
La pregunta parece innecesaria, pues obviamente una descarga eléctrica de la magnitud de la que genera un rayo, acompañada de los efectos de una elevación de temperatura como la que acompaña a ese fenómeno, posee un gran poder destructivo, no solamente para el ser vivo (persona, animal o árbol) que eventualmente sea azotado por un rayo, como para muchos bienes muebles e inmuebles y para muchas obras de infraestructura. Una gran parte de los incendios forestales de origen no antrópico son desencadenados por rayos (recordemos que estos incendios naturales forman parte del ciclo de algunos ecosistemas).
En la memoria reciente de los colombianos se encuentra todavía la tragedia que a principios de Octubre de 2014 generó sobre la comunidad indígena Wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta, una tormenta eléctrica en la que se registraron cerca de 3.000 rayos.

Reseñas periodísticas de la tragedia de la comunidad Wiwa:
Hoy se registran en la Tierra cerca de 16 millones de tormentas eléctricas anuales, más de 43.000 diarias, 1.800 por hora que producen 100 rayos por segundo, es decir, más de 8 millones al día. (Walter Lewin, 2012).
Estudios recientes de la Universidad de California indican que como consecuencia del cambio climático y debido al incremento de las tormentas, se calcula que la cantidad de rayos en la atmósfera puede aumentar un 50%.
Esto, aun sin el incremento previsto como consecuencia del cambio climático, obliga a redoblar esfuerzos para reducir la vulnerabilidad humana y de los entornos humanizados, frente a las tormentas eléctricas.
Existen, como en casi todo lo que se relaciona con gestión del riesgo y adaptación al cambio climático, dos tipos de estrategias complementarias. Unas, las “duras”, consistentes en aplicaciones tecnológicas (en este caso equipos que contribuyan al conocimiento del riesgo y a la reducción de la vulnerabilidad física) y otras consistentes en comportamientos humanos tanto frente al llamado “ordenamiento territorial” como frente a las conductas cotidianas.

El pararrayos
El dispositivo más obvio y de eficacia comprobada para reducir la vulnerabilidad frente a los rayos, es el pararrayos, cuya invención se atribuye a Benjamín Franklin en 1753, que consiste básicamente en una varilla de material conductor (cobre, bronce o similar) conectado a tierra.
A partir de los párrafos anteriores debe haber quedado claro que ese conjunto complejo de descargas eléctricas en varias direcciones que englobamos bajo el nombre de RAYO, constituye un diálogo entre dos sectores poseedores de cargas eléctricas opuestas. 
Franklin y otros investigadores del mundo, descubrieron lo que hoy se conoce como “efecto punta”, en virtud del cual “las cargas alrededor de un conductor no se distribuyen uniformemente, sino que se acumulan más en las partes afiladas.” 
Básicamente la existencia de un dispositivo como este en una construcción, en un poste o sobre cualquier objeto alto, facilita entonces el flujo de la descarga eléctrica entre el suelo y la nube y viceversa, lo cual le otorga a esa descarga la posibilidad de fluir por el camino más fácil, sin tener que hacerlo a través de objetos que puedan resultar gravemente afectados.
Así mismo, afirman algunos estudiosos del tema, la densidad de carga en la punta del pararrayos es tal que ioniza el aire que lo rodea, de modo que las partículas de aire cargadas positivamente son repelidas por el pararrayos y atraídas por la nube, realizando así un doble objetivo […] Esto produce una compensación del potencial eléctrico al ser atraídos esos iones del aire por parte de la nube, neutralizando en parte la carga. De esta forma se reduce el potencial nube-tierra hasta valores inferiores a los 10000 V que marcan el límite entre el comportamiento dieléctrico y el conductor del aire, y por tanto previenen la formación del rayo.”
En cualquier caso, el cable a tierra envía la descarga al suelo, reduciendo su impacto potencial sobre las estructuras que deben ser protegidas.
En resumen, de acuerdo con lo anterior, el pararrayos tiene un doble efecto: mitigar o reducir las condiciones que favorecen la descarga eléctrica y conducir directamente esa descarga al suelo cuando no haya logrado evitar que se produzca.
El pararrayos protege un área tridimensional (un volumen geométrico) delimitada por un cono cuyo vértice se encuentra en la punta de la varilla y cuya dimensión depende de las características de la misma y en general del sistema empleado.
Existen otros sistemas de protección basados en el principio de la llamada “jaula de Faraday” en virtud del cual un campo electromagnético se distribuye sobre la superficie de una malla o estructura metálica extendida alrededor del objeto que se desea proteger, sin que los efectos del mismo logren afectar el interior de la misma.
Por esa razón, al menos teóricamente, los pasajeros de un avión o de un automóvil con carrocería metálica, resultan a salvo en caso de que un rayo impacte sobre la superficie de uno de estos vehículos.
Medidas no estructurales
·         “Ordenamiento territorial”: consiste en conocer las características de un territorio específico con respecto a las tormentas eléctricas, o sea la propensión a los  rayos a impactar en ese territorio. Entre otros factores, esa propensión puede tener relación con el tipo de yacimientos minerales que pueden existir bajo el suelo.
Como en otros casos, más que de “ordenar” un territorio que en este aspecto ya está “ordenado” por los rayos y por las características topográficas, del suelo y del subsuelo, se trata de organizar las actividades humanas de manera que se eviten ciertas instalaciones o actividades en lugares especialmente expuestos a los efectos nocivos de las tormentas eléctricas. Y así mismo, saber en dónde es necesario aplicar prioritariamente medidas tecnológicas tipo pararrayos.
Como resultado del cambio climático puede cambiar esa propensión, por lo cual conviene monitorear cuidadosamente el territorio en cuanto a este aspecto hace referencia.
Sistemas de alerta temprana: sistemas que combinen capacidad tecnológica para pronosticar con precisión la ocurrencia de tormentas eléctricas en un territorio, con capacidad de respuesta institucional y social frente a dichos pronósticos. Ver informe en El Nuevo Siglo 
Conductas individuales y sociales adecuadas: conocer, por ejemplo
-       Cómo debe actuar y qué debe evitar una persona que se encuentre en campo abierto o en la ciudad cuando se presente una tormenta (o cuando existan indicios de que se pueda presentar). Hacia dónde debe dirigirse; dónde debe y no debe buscar protección, qué debe hacer con los equipos de comunicación (teléfonos celulares) y otros equipos electrónicos que lleve consigo;
- Qué hacer con electrodomésticos y otros equipos que tenga en su casa o lugar de trabajo;
-       Como deben comportarse las personas que se encuentren en reuniones masivas (eventos deportivos o similares, salidas o entradas a establecimientos educativos;
-       Qué hacer si va en un vehículo (bus, carro, moto, bicicleta)
Una combinación efectiva de todas estas estrategias puede ayudarnos a convivir sin traumatismos con esta dinámica de la naturaleza que, como tantas otras dinámicas, se está transformando como consecuencia del cambio climático.
POR EL CUAL SE ESTABLECEN LINEAMIENTOS PARA LA GESTIÓN DEL RIESGO POR TORMENTAS ELÉCTRICAS EN EL DISTRITO CAPITAL

domingo, enero 11, 2015

VENTAJAS COMPARATIVAS DE COLOMBIA PARA COEVOLUCIONAR CON EL CAMBIO CLIMÁTICO

Es absolutamente prioritario que las decisiones públicas, comunitarias y del sector privado, se tomen teniendo en cuenta el propósito expreso de no deteriorar las condiciones de las cuales ha dependido, depende y seguirá dependiendo que el territorio colombiano pueda coevolucionar con el cambio climático. Muchas de esas condiciones ya están en franco proceso de deterioro como consecuencia de decisiones equivocadas... o de falta de decisión
¿El tercer país más vulnerable del mundo al cambio climático?
Con alguna frecuencia oímos repetir que Colombia es el tercer país del mundo más vulnerable al cambio climático. Averiguando el origen de esa afirmación que casi (o sin el casi) ha llegado a convertirse en una posición oficial expuesta en distintos escenarios nacionales e internacionales, me dicen que posiblemente surge de una organización internacional que evaluó la intensidad de los daños generados en el país por la temporada invernal 2010-2011. Con esos mismos parámetros, y con base en los 20 a 25 mil muertos que causó la destrucción de Armero en 1985, podríamos decir entonces que Colombia es uno de los países del mundo más vulnerables a las erupciones volcánicas. Y eso, por supuesto, no es así.

Otro posible origen de la afirmación lo aporta el documento CONPES 3700, mediante el cual se establece oficialmente la ESTRATEGIA INSTITUCIONAL PARA LA ARTICULACIÓN DE POLÍTICAS Y ACCIONES EN MATERIA DE CAMBIO CLIMÁTICO EN COLOMBIA, que a la letra dice: “Al día de hoy la definición de los países más vulnerables, como condición para la priorización en la asignación de recursos para adaptación, fue replanteada, gracias a la gestión nacional, que permitió reabrir la discusión frente a la creciente vulnerabilidad de países como Colombia, que a pesar de no pertenecer a grupos como el de países menos desarrollados y los Pequeños Estados Insulares, enfrenta enormes afectaciones por eventos extremos como los vividos durante el año 2010”. 

Cualquiera que sea la razón en que se sustente, estoy totalmente en desacuerdo con esa afirmación.

Ventajas de Colombia frente al desafío de coevolucionar con el cambio climático.
En el mundo existen hoy cerca de 200 países, muchos de los cuales, sin duda alguna, envidiarían las ventajas comparativas con que cuenta Colombia para adaptarse al cambio climático. O mejor dicho: para coevolucionar con el cambio climático.
CICLO HIDROLÓGICO - URABÁ
El concepto de coevolucionar con me parece mucho más preciso que el de adaptarse a. La coevolución implica transformación activa en respuesta a transformaciones del ambiente, muchas de las cuales, como en el caso del cambio climático, son provocadas por el impacto de la Vida misma sobre el planeta. En este caso, por el impacto de la manera como la especie humana viene entendiendo y llevando a cabo el desarrollo, en especial en el último siglo. La palabra “adaptación”, en cambio, tiene el problema de que se parece mucho a resignación pasiva: no denota expresamente el carácter dinámico y activo que tiene la coevolución.

Que Colombia tenga ventajas comparativas para coevolucionar no quiere decir que no seamos vulnerables al cambio climático. Lo somos, claro, y no solamente frente al cambio climático, sino también frente a la variabilidad climática. Esta última, como se sabe, es la condición natural del clima y del tiempo atmosférico, de estar variando de manera permanente. El nombre de cambio climático se ha adoptado convencionalmente para referirse al impacto de la actividad humana sobre la variabilidad climática.

Somos vulnerables a la variabilidad climática, como quedó demostrado en la temporada invernal 2010-2011, agudizada por los efectos del fenómeno de La Niña en el territorio nacional, y como lo han demostrado centenares de desastres de origen hidro-meteorológico generados por exceso o por defecto de lluvias, que han ocurrido a lo largo de la historia del país, y que siguen ocurriendo hoy en día. Los efectos de La Niña en 2010-2011 pueden o pueden-no haber estado ligados al cambio climático. Lo cierto es que todo lo que sucedió en esos meses (como por ejemplo las inundaciones causadas por la ruptura del Canal del Dique o los deslizamientos en La Línea) ya había sucedido muchas veces antes, en los mismos lugares. Posiblemente lo excepcional es que en ese momento sucedió de manera simultánea; antes era más repartido.

En fin: esto para que quede claro que sí somos vulnerables a los efectos de dinámicas hidro-meteorológicos y a otras dinámicas tanto de origen natural (terremotos, erupciones volcánicas, etc.), como a múltiples dinámicas de origen antrópico.
DONDE PONEN LAS GARZAS - BAJO SINÚ
Por nuestra condición de seres vivos –y el territorio es un ser vivo- somos vulnerables a las dinámicas del entorno, de la misma manera que un barco es vulnerable a las dinámicas del océano donde navega o debe navegar. El hecho de que el barco haya sido diseñado y construido para desempeñarse en el agua (lo cual lo hace menos vulnerable a las dinámicas del agua y del viento que un aparato que no posea esa condición), no quiere decir que no se pueda hundir. Siempre pueden presentarse, por ejemplo, una tormenta y un oleaje de tal magnitud, que superen su rango de adaptación.

Lo que aquí quiero resaltar, en primer lugar, es que pese a ser vulnerables al cambio climático, estamos muy lejos de ser el tercer país del mundo más vulnerable a ese proceso global, entre otras razones porque, como ya se dijo arriba, el territorio colombiano posee muchas ventajas para coevolucionar positivamente frente a esas y otras dinámicas.

Y, en segundo lugar, espero que quede claro que la tripulación y los pasajeros podemos incrementar la vulnerabilidad del barco y neutralizar sus ventajas comparativas para resistir a las tormentas y para no encallar en los bajos, si en lugar de darle el mantenimiento adecuado nos dedicamos a abrirle huecos al casco y a deteriorar su estructura por descuido o de manera intencional.

Voy a enumerar a continuación 17 ventajas comparativas por las cuales considero que Colombia está en condiciones privilegiadas para coevolucionar con el cambio climático. No lo hago por razones de promoción turística ni, como ya dije, para negar que seamos un país vulnerable, sino para llamar la atención sobre el hecho de que es absolutamente prioritario que las decisiones públicas, comunitarias y del sector privado, se tomen teniendo en cuenta el propósito expreso de no deteriorar las condiciones de las cuales han dependido, dependen y seguirán dependiendo esas ventajas. O, en otras palabras, para evitar que sigamos abriéndole agujeros al casco, lo cual determinaría que el barco se hundiera con o sin cambio climático. Más aún: el cambio climático constituye una oportunidad para hacerle al desarrollo las correcciones que de todas maneras hay necesidad de hacerle, así no hubiera habido cambio climático.

1.    Posición geográfica de Colombia en el planeta
Paradójicamente oí argumentar hace poco que esa era la principal vulnerabilidad del país frente al cambio climático. Se dice, por ejemplo, que el hecho de que nos encontremos en la llamada “Zona de Confluencia Intertropical” nos hace especialmente vulnerables, sin tener en cuenta que la gran biodiversidad de los ecosistemas colombianos es la principal respuesta de la Vida a las múltiples dinámicas de carácter tectónico que a lo largo de por lo menos 150 millones de años nos han traído hasta la posición geográfica donde hoy estamos, así como el resultado de las dinámicas hidro-meteorológicas surgidas de esa misma posición en la Tierra y con las cuales la Vida ha debido coevolucionar.


URABÁ
La enorme riqueza de especies de dos de las regiones más biodiversas no solamente de Colombia sino del mundo, el Chocó Biogeográfico y el Urabá-Darién (que posee parte de su territorio en la primera), es el resultado de la unión de Mesoamérica con Suramérica a través de Centroamérica, unión que se consolidó con la aparición del istmo de Panamá –de acuerdo con estudios recientes- hace aproximadamente 23 millones de años; y de la subducción o hundimiento de la Placa de Nazca bajo la Placa Suramericana, proceso en plena vigencia que ha generado el afloramiento de las cordilleras Occidental y Central de Colombia y que es la principal causa del vulcanismo en la Cordillera Central.

2.    Tamaño del territorio colombiano
Una segunda ventaja comparativa, ligada a la anterior, es el tamaño del territorio colombiano: 1’141.748 Km2 de superficie terrestre y 928.660 Km2 de área marítima, para un total de 2’070.408 Km[No tengo claro si esa cifra incluye o no las consecuencias del Fallo de La Haya].

Esa gran extensión tanto del territorio continental como del marítimo, permite que no todo el territorio del país se encuentre sometido al mismo tiempo a un mismo tipo de fenómeno hidro—meteorológico extremo (en lo cual también cumplen un papel las dinámicas propias de la Zona de Convergencia Intertropical). En otras palabras, no todo el territorio nacional ha sido ni será afectado simultáneamente por inundaciones ni por sequías, sino que mientras algunas partes pueden encontrarse en condiciones “normales”, otras pueden verse afectadas por condiciones extremas en una o en otra dirección. Una adecuada planificación del territorio a partir de consideraciones climáticas, permitirá garantizar intercambios de recursos y servicios ambientales entre unas regiones y otras, reduciendo así la vulnerabilidad ante las dinámicas hidro-meteorológicas, de las cuales la incertidumbre es una propiedad esencial. [Ver, por ejemplo, el pronóstico del Canal Clima para el 10-12 de Enero]

Esta ventaja válida para todo el territorio nacional, se repite fractalmente en otras escalas.
Tres ejemplos:
-       Los escenarios de cambio climático elaborados por el PRICC (Plan Regional Integral de Cambio Climático) para la región Bogotá-Cundinamarca, indican que no todas las regiones del departamento de Cundinamarca van a ser afectadas de la misma manera por ese proceso de carácter global: mientras en unas se prevé que disminuyan las precipitaciones, en otras se pueden incrementar.
MESETA DE POPAYÁN
-       El otro ejemplo lo he vivido personalmente en la región andina del departamento del Cauca, en la cual, en temporadas de fuerte sequía en la Meseta de Popayán, el río Cauca y sus afluentes bajan con abundante caudal debido a fuertes y permanentes lluvias en las partes altas de la Cordillera Central y a la capacidad de los páramos para retener agua y distribuirla al resto del territorio.
RÍO CAUCA A SU PASO POR POPAYÁN EN UN FUERTE VERANO
-       Un ejemplo similar al anterior se registra cuando gran parte de la región andina se ve afectada por sequía, más no la Sabana de Bogotá (y más precisamente la llamada “Región Hídrica del río Bogotá”), que en gran medida depende de las aguas que provienen de la Orinoquia, ya sea de manera natural, a través de las nubes, o ya a través del Sistema Chingaza, que se nutre en su mayoría de aguas trasvasadas desde el río Guatiquía.

Por otra parte, el 44% de los habitantes de la Tierra viven a una distancia máxima de 150 kilómetros de las costas. Un territorio con montañas costeras es menos vulnerable al incremento del nivel del mar que uno que no posea esa ventaja.

3.    Diversidad de ecosistemas existentes en las distintas regiones colombianas
Una tercera ventaja comparativa, así mismo ligada a las dos anteriores y a las siguientes, es la gran diversidad de ecosistemas existentes en las distintas regiones colombianas, incluidos los ecosistemas continentales, los oceánicos y los marino-costeros que conforman la franja de interacción directa entre los dos anteriores. Esa diversidad de ecosistemas, como ya dijimos, es la respuesta coevolutiva de la Vida  a las dinámicas tectónicas e hidro-climáticas que formaron y siguen transformando las cordilleras y los valles andinos, la región Caribe, la Orinoquía y la Amazonía. Pero además, es el resultado de la interacción entre las comunidades y los territorios colombianos de los cuales cada cultura forma parte.
PÁRAMO DE SUMAPAZ
Colombia, al igual que todo el continente suramericano visto en su conjunto, es andina, amazónica, caribe, atlántica y pacífica, en la medida en que cada región está ligada –más estrechamente de lo que se suele pensar- a todas las demás regiones, tanto en su proceso de conformación como en sus dinámicas actuales. Resulta imposible concebir cualquiera de esas regiones separadamente de las demás.
LLANOS ORIENTALES
Cada ecosistema es resultado y compendio dinámico de biodiversidad (incluyendo a las culturas como expresiones de biodiversidad) y por tanto los ecosistemas constituyen bancos de recursos y servicios ambientales que son a su vez ventajas adaptativas frente a la variabilidad y frente al cambio climático.
SELVA AMAZÓNICA
La Vida inventó el sexo hace aproximadamente mil millones de años, precisamente no como estrategia de reproducción sino como estrategia de diversificación, porque es a través de la diversidad como la Vida puede responder flexiblemente a los desafíos ambientales. No en vano Miguel Ángel Asturias se refiere bella y acertadamente al Trópico como “el sexo de la Tierra”.
BOSQUE DE NIEBLA
Existen estudios que confirman que las selvas tropicales (al igual que los demás ecosistemas marinos y terrestres) ofrecen servicios claves para la mitigación, es decir, para la reducción y almacenamiento eficaz de gas carbónico que, como se sabe, es uno de los principales gases de efecto invernadero. Algunos de esos estudios indican que a medida que se incrementan las emisiones humanas de CO2, aumenta la eficiencia de las selvas para “capturarlo” y retirarlo de la atmósfera, aunque no existe unanimidad todavía sobre el alcance real de esa conclusión.
CIÉNAGA DE AYAPEL
4.    Diversidad de fuentes hídricas tanto a nivel superficial como subterráneo
RUMIYACO - MOCOA, PUTUMAYO
Una cuarta ventaja coevolutiva que posee el territorio colombiano es la diversidad de fuentes hídricas que posee, tanto a nivel superficial como subterráneo. Y eso sin incluir en la lista de fuentes, a las dinámicas que surgen de la Zona de Confluencia Intertropical. Estas claramente nutren a las fuentes convencionales “en tierra”, pero las “fuentes atmosféricas” bien podrían considerarse en sí mismas como una fuente más. El agua no es un recurso estático ni se podría entender por fuera del ciclo hidrológico en que se materializa este actor de importancia vital y decisoria tanto a nivel planetario como en cada territorio local. La NASA está próxima a iniciar un estudio sobre la influencia que ejerce sobre el clima la humedad almacenada en los suelos, la cual se puede considerar también otra fuente de agua.

5.    Capacidad de almacenamiento de agua en distintas escalas
EMBALSE DE SAN RAFAEL
Esa capacidad de almacenamiento se manifiesta en diferentes formas y en distintas escalas, que van desde la función de acumulación y retención de agua que cumplen los suelos en los ecosistemas que conservan su integridad y su biodiversidad, hasta la existencia de reservorios de distintos tamaño (desde jagüeyes hasta grandes embalses). No desconocemos todos los traumatismos y conflictos que genera en un territorio la construcción de un embalse de gran magnitud, pero la mayor parte de esos traumatismos y conflictos surgen de la manera como se llevan a cabo el proceso de construcción y de gestión de la obra de infraestructura, más que del aprovechamiento de las características para almacenar agua que ofrece un territorio particular. En otras palabras, un proceso real de concertación con todos los actores del territorio (incluida el agua misma) podría reducir efectivamente los factores generadores de conflicto y lograr que la existencia del embalse se convirtiera en una ventaja y no en una amenaza para la calidad de vida y la autonomía territorial.
BAJO SINÚ
6.    Biodiversidad de suelos existentes en el territorio nacional.
El suelo es un ser vivo y por tanto complejo y dinámico, y no solamente un “piso” o sustrato físico encima y debajo del cual se llevan a cabo los procesos vitales. Desde ese punto de vista, el suelo como ser vivo debe considerarse también un actor activo del territorio y no solamente un objeto pasivo sobre el cual lo seres humanos pueden tomar decisiones sin tener en cuenta sus particularidades, sus dinámicas, sus intereses y sus necesidades. De allí que resulte contraproducente, por ejemplo, basar decisiones sobre suelos de sabanas inundables, con los mismos criterios con que se toman decisiones sobre los suelos de las montañas andinas.

La biodiversidad de suelos con que cuenta Colombia amplía las posibilidades del territorio para coevolucionar con el cambio climático pues, al igual que sucede con otros seres vivos, los suelos poseen capacidad de resiliencia y de auto-organización. En alianza con el agua y con los demás componentes de la biosfera, y a través de un adecuado manejo cultural, los suelos colombianos pueden aprender a convivir con las nuevas condiciones climáticas.

7.    Diversidad étnica y cultural del territorio colombiano
Cada cultura étnica que hoy sobrevive es una prueba fehaciente del éxito de múltiples estrategias adaptativas, que no solamente le han permitido enfrentar con éxito los desafíos ecológicos, sino también, y muy especialmente, los que han surgido de los procesos históricos que han tenido lugar en los más de 500 años transcurridos desde el llamado “Descubrimiento del Nuevo Mundo” por parte de culturas surgidas en otros ecosistemas y de otros procesos. Es bien sabido que todas las culturas vivas, aún las más “tradicionales” (cualquier cosa que ello quiera decir) se transforman de manera permanente como estrategia de coevolución. Lo más importante para los efectos que nos interesan, no son las manifestaciones exteriores de las culturas, sino los hilos conductores que les han permitido coevolucionar sin perder su identidad.

8.    Características demográficas de la población colombiana.
De acuerdo con Edgar Sardi Perea, analista del DANE, a pesar de que la población colombiana ha evidenciado un proceso de “envejecimiento” entre los censos de 1993 y 2005 como “resultado de transformaciones sociales, económicas y culturales que están muy de la mano con especificidades regionales”, la población colombiana sigue siendo “joven”.
         
Dice textualmente el DANE que “en los datos contenidos en el gráfico anterior se puede observar la reducción de la población de niños, así como el incremento en los demás grupos de edades, coherente con el descenso de los niveles de la fecundidad y la reducción de la mortalidad generando un aumento del peso de las edades adultas. Estos cambios de estructura determinan que la edad mediana de la población pase de 22,37 años en 1993 a 25,9 años en el 2005, lo cual muestra que a pesar de las transformaciones que se han presentado, Colombia es una población joven.” 
En comparación con esto, desde hace más de dos décadas Europa viene avizorando un envejecimiento de su población. De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto de Economía Alemán (IW) y difundido por el diario El País de España en 1993
Europa envejece a ritmo creciente y en el año 2020 la edad media de sus habitantes se situará en casi 45 años, siete más que en 1990 […] España, con una edad media de 36,5 años en 1990, seis décimas por debajo de la media europea (37,9), se quedará en el 2020 a sólo una décima, 44,5, de la media de edad prevista para entonces, que será de 44,6. Las poblaciones más envejecidas de Europa serán entonces las de Alemania e Italia, en las que la edad media de sus habitantes habrá subido de 39,3 en 1990 a 46,9 en el 2020, y de 38,5 a 46,6 años, respectivamente. En cambio, Irlanda y Francia figurarán como las poblaciones más jóvenes, con edades medias de 38 y 42,5 años, respectivamente. En la Unión Europea, el número de jóvenes menores de 30 años decrecerá de los actuales 143 millones a sólo 100 millones, mientras que, por el contrario, la cifra de los mayores de 65 años subirá de 50 a 73 millones. En opinión de los expertos, la inmigración puede suavizar ese proceso de envejecimiento, pero no lo detendrá.
Volviendo a los análisis realizados por el DANE sobre Colombia, afirma el autor que
“Si tenemos en cuenta la evolución en el último periodo intercensal de la población [colombiana] de 60 años y más, se observa que este grupo pasa de representar un 6,9 por ciento en el año 1993 a 8,9 por ciento en el 2005, con lo cual se puede afirmar que Colombia se encuentra en un proceso de envejecimiento que se puede categorizar como moderado avanzado.
Otro indicador de gran relevancia para ser tenido en cuenta en los procesos de planificación y definición de políticas públicas (especialmente en educación, salud y empleo) es el Índice de Dependencia Demográfico, el cual continúa reduciéndose. Lo anterior indica que Colombia está dentro del llamado Bono Demográfico o Ventana de Oportunidades, situación que es favorable al desarrollo social teniendo en cuenta que se tiene una gran ventaja para generar inversiones productivas o inversión social de largo plazo en la lucha contra la pobreza, el mejoramiento de la calidad en la educación y la reforma de la salud, facilitando anticipar inversiones frente al aumento de la población adulta mayor, que de no hacerse desde ahora implicarían mayores costos realizarlas después. Es necesario llamar la atención que en el momento en que este índice cambie su tendencia decreciente marcará el final del Bono Demográfico, como consecuencia del aumento en el peso de la población adulta mayor.”

Desde el punto de vista que nos interesa, es importante que la mayoría de la población colombiana siga siendo “joven” y con niveles de dependencia menores, puesto que esto favorece las condiciones en que son posibles la coevolución y la innovación en todos los campos. Una población joven tiene mejores posibilidades para transformarse creativa y flexiblemente como respuesta a los desafíos ambientales (lo cual incluye la capacidad para aprender nuevos y más adecuados comportamientos ambientales), que una población mayoritariamente “vieja”.
 
EDUCACIÓN AMBIENTAL EN LA LOCALIDAD DE SAN CRISTOBAL, BOGOTÁ
Otra característica de la población colombiana que para efectos de coevolución frente al cambio climático se puede considerar una ventaja comparativa (aunque para los enfoques urbanocéntricos tradicionales constituye un factor de atraso y una vulnerabilidad) es que un 31% del total de la población colombiana (entre 7 y 10 millones de personas según César Caballero, Director de “Cifras y Conceptos” todavía es rural.

El Informe de Desarrollo Humano 2011 del PNUD para Colombia, titulado “Colombia Rural – Razones para la Esperanza”, presenta un completo análisis de las condiciones actuales y de las potencialidades de la Colombia campesina, en un país cuyo territorio todavía es predominantemente rural (94.4%) y cuya población se concentra mayoritariamente en los cascos urbanos (68.4% de la población total).
La adaptación al cambio climático, la coevolución necesaria de la sociedad humana para enfrentar los desafíos de un planeta cambiante, requiere entre otros requisitos que se transformen las relaciones entre la ciudad y el campo, que hoy son predominantemente de parasitismo (en contra del campo), por unas relaciones de simbiosis, que incluyan y ejerciten los valores de solidaridad, equidad, reciprocidad y hospitalidad con los propios habitantes del territorio. La sostenibilidad –o la resiliencia- de esos cascos urbanos que albergan a casi el 70% de la población colombiana, depende fundamentalmente de que ese nuevo tipo de relaciones con el campo se puedan establecer. Ver: "¿Ciudades sostenibles?" 

El campo, por supuesto, ES en gran medida la población campesina que forma parte del territorio rural. Que entre 7 y 10 millones de colombianos y colombianas todavía conformen esa población, se puede convertir en una de las principales ventajas comparativas del país frente al cambio climático.

9.    Estado de Derecho
ENCUENTRO CONSTITUCIONAL POR LA TIERRA - IBAGUÉ Septiembre 2014
Con todos los defectos que pueda tener la democracia colombiana, es indudable que en el país existe un Estado de Derecho que incluye una Constitución Política que consagra, entre otras muchas cosas, los derechos fundamentales y los derechos ambientales de quienes forman parte del territorio nacional, así como una serie de instancias y de mecanismos legales e institucionales diseñados para que esos derechos sean efectivos y para que quien considere que le están siendo violados pueda reclamar la intervención del Estado con el fin de que sean restablecidos. Existen el derecho al debido proceso, a la participación, a la organización, a la libertad de expresión y a la protesta social y, en general, una serie de garantías que permiten, al menos teóricamente, que la comunidad les exija a quienes toman las decisiones del desarrollo, que estas se llevan a cabo teniendo en cuenta los intereses colectivos. Para el tema que nos ocupa, el interés colectivo es que se protejan y fortalezcan las condiciones que hacen posible la coevolución de los territorios colombianos con el cambio climático.
Con la Constitución Política en la mano es perfectamente posible demostrar que sin adaptación efectiva al cambio climático y sin una adecuada gestión del riesgo de desastre, los derechos fundamentales –comenzando por el Derecho a la Vida- son imposibles de ejercer.

10.   Institucionalidad
Una dimensión y una expresión importante del Estado de Derecho es la institucionalidad.
Colombia cuenta con un Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres que nace originalmente tras el desastre de Armero en 1995 y que se actualiza y fortalece mediante Ley 1523 de 2012; y con un Sistema Nacional Ambiental que nace con la Ley 99 de 1993, la cual desarrolla los principios ambientales que quedaron consagrados en la Constitución Política de 1991.
Existe también –o se prevé que exista- un Sistema Nacional de Cambio Climático (SISCLIMA o SNCC), que no entro a comentar aquí porque no he logrado entender qué funciones cumple o deberá cumplir, distintas a las que ya cumplen los otros dos sistemas mencionados.
Lo cierto es que tanto el Sistema Nacional de Gestión de Desastres como el Sistema Nacional Ambiental han venido acumulando experiencia institucional, información sobre las dinámicas territoriales y saberes sobre la manera adecuada –y no adecuada- de llevar a cabo en la práctica la gestión territorial.
Pertenecen a ambos sistemas los institutos de investigación del Estado (El Ideam, el Humboldt, el Servicio Geológico Nacional, los Institutos de Investigación Oceanográfica, el SINCHI y otros), así como las Corporaciones Autónomas Regionales CARs, y un Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible sin mucho poder real de decisión frente a otros ministerios e instancias estatales y privadas, debilitado además por la pérdida de la función de expedir licencias ambientales, hoy puesta en manos de la ANLA (Agencia Nacional de Licencias Ambientales).

El problema que comparten la gestión ambiental y la gestión del riesgo es que cuando tienen éxito no se notan: solamente generan noticia cuando fallan y se produce un desastre. Muchas veces han existido condiciones en el país en las cuales hubiera podido generarse un desastre, y si no lo hubo no fue por buena suerte solamente, sino porque previamente ha existido una adecuada gestión territorial.

Se suele afirmar, no sin razón, que varias Corporaciones Autónomas Regionales se encuentran “secuestradas” por intereses politiqueros y de otra índole que impiden que ejecuten una verdadera gestión ambiental, motivo por el cual deben ser reformadas. Pero cualquier reforma debe apuntar a liberarlas del secuestro y no a matar al secuestrado.

11.  Capacidad de “rebusque” de las comunidades urbanas y rurales
La necesidad de sobrevivir a pesar de las condiciones adversas que existen en el campo y en las ciudades, ha obligado a las comunidades (y particularmente a algunos actores y sectores  dentro de ellas) a desarrollar estrategias de resiliencia a través de las cuales logran superar los obstáculos que se oponen al desarrollo “normal” de la vida cotidiana. Cuando la condición “normal” de la existencia es la crisis, la resiliencia se convierte en una manera de ser de las comunidades o de los individuos expuestos a ella.
De manera parcialmente intuitiva, mucha gente logra, contra toda evidencia racional, superar las adversidades, evitar desastres que parecerían inevitables o recuperarse de los efectos de aquellos que no se hayan logrado evitar. Es “la berraquera de la Vida” en plena acción.

Ese ejercicio de adaptación –o de coevolución permanente - en respuesta a los desafíos del territorio del cual se forma parte, han generado en algunas comunidades colombianas unas capacidades que seguramente no existen en otras que encuentran en la estructura económica, política y social de país –en el llamado  “Sistema”- la satisfacción a sus necesidades cotidianas.

La capacidad de “rebusque” de las comunidades forma parte del patrimonio adaptativo-coevolutivo de los territorios colombianos.
12.  La ciudad como nuevo piso térmico
Es característico de las comunidades rurales andinas la llamada “apropiación vertical del territorio”, en virtud de la cual una misma comunidad, y a veces una misma familia, desarrolla su vida, y como parte de ella sus actividades productivas, en distintos pisos térmicos, cada uno de los cuales genera productos complementarios entre sí que constituyen la base del sustento familiar. Y cuando no es una misma familia o comunidad, existe el mecanismo del trueque entre comunidades que habitan distintos pisos térmicos, que cumple la misma función.

Con esa misma lógica, la migración de familias campesinas e indígenas a los cascos urbanos, ha convertido a las ciudades en un nuevo piso térmico, desde el cual las familias “urbanizadas” apoyan a las familias que permanecen en el campo, y viceversa.
Esa lógica se convierte en otra ventaja coevolutiva frente al cambio climático, para lo cual es necesario avanzar hacia la construcción de interacciones  de equidad, solidaridad y reciprocidad entre la Colombia urbana y la Colombia rural.
13.   Seguridad, soberanía y autonomía alimentaria
El 70% de la canasta básica familiar de la cual nos alimentamos los 8 millones de habitantes de Bogotá, es producido dentro de un territorio con un radio no mayor a 300 kilómetros alrededor de la ciudad. Podría parecer muy grande la longitud de ese radio, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta, además del número de habitantes, que el casco urbano de Bogotá sobrepasa las 40.000 hectáreas (400 kms2) de extensión. Otras ciudades de Colombia (no todas) poseen esa misma ventaja comparativa. El fortalecimiento de la autonomía y la soberanía alimentaria por lo menos frente a la canasta básica familiar de cada región, debería convertirse en una política pública, no solamente como estrategia de adaptación al cambio climático sino como mecanismo de resiliencia colectiva frente a distintas amenazas de carácter regional, nacional y global.
MERCADO RURAL - SUBACHOQUE, CUNDINAMARCA
Entre otros muchos procesos, los liderados por el ECOFONDO que se concretaron en la “Campaña SALSA” (Soberanía, Autonomía y Seguridad Alimentaria), han demostrado que en Colombia existe una base teórica y práctica suficiente para adoptar en el país una policía pública basada en el apoyo al productor campesino, que no dependa de agroquímicos y que genere de manera sinérgica beneficios nutricionales, ecológicos, organizativos y culturales.

14.  Portafolio amplio de alternativas actuales y potenciales para generación de energía
A raíz de la fuerte sequía agravada por el fenómeno de El Niño que afectó al país en 1992-1993, Colombia amplió su portafolio energético para fortalecer otras fuentes (en concreto las termoeléctricas) , con lo cual se ha convertido en un país menos vulnerable, desde ese punto de vista, a los extremos climáticos. La alta probabilidad de la llegada de un El Niño fuerte a principios de 2015 (cuyas primeras manifestaciones parecen materializarse mientras esto se escribe) va a constituir una evaluación de éxito de esa estrategia.
Colombia posee una gran cantidad de fuentes energéticas que no ha aprovechado todavía.
A nivel mundial solamente el 3% de la energía que se produce y consume es generado a partir de fuentes hídricas, pero en Colombia la generación hidroeléctrica representa alrededor del 64%. Esta es una ventaja grande en comparación con la generación termoeléctrica (basada en combustibles fósiles y en energía nuclear), aunque por supuesto también produce, como cualquier otra fuente, impacto ambiental e impacto social.
GUAVIO
Tal y como se mencionó al comentar la que aquí llamamos Capacidad de almacenamiento de agua en distintas escalas (ventaja coevolutiva número 5), la construcción de embalses para generación eléctrica produce traumatismos ecológicos y sociales directamente proporcionales a la dimensión de los mismos. Sin embargo no es imposible adelantar procesos eficaces de concertación con todos los actores del territorio (incluida el agua misma), mediante los cuales se podrían reducir y manejar adecuadamente los factores generadores de conflicto y lograr que la existencia del embalse se convirtiera en una ventaja y no en una amenaza para la calidad de vida y la autonomía territorial. Hablamos, por ejemplo, de embalses de propósito múltiple que fortalezcan desde todo punto de vista a las comunidades vecinas y que reduzcan su vulnerabilidad frente a los extremos climáticos (y no como –lamentablemente hay ejemplos en Colombia- que las hagan más vulnerables a las sequías en temporadas secas y más vulnerables a las inundaciones en temporadas de lluvia).

Otras fuentes potenciales en Colombia incluyen la energía solar directa, la energía eólica, la generación eléctrica a partir de las mareas, la energía geotérmica (para la cual contamos con varios volcanes activos y fuentes termales). Y claro, la energía nuclear, en la cual ojalá no se embarque Colombia mientras países con mucha más trayectoria en la material no hayan resuelto maneras eficaces de gestionar los grandes riesgos ligados a ella.

Toda forma de energía genera impactos ambientales y sociales, pero podemos aprender a manejarlos de manera adecuada para evitar conflictos como el que en este preciso momento se presenta alrededor del proyecto de El Quimbo.

15.  Conocimiento académico y conocimiento tradicional
En Colombia existe una enorme cantidad de conocimiento acumulado sobre el territorio nacional, tanto en instituciones públicas (particularmente las CARs), institutos de investigación, universidades, agencias internacionales y sector privado, como en organizaciones no gubernamentales y en comunidades de base -especial pero no exclusivamente- en las rurales. Lamentablemente muchas veces ese conocimiento no se aprovecha en el momento de tomar las decisiones del desarrollo, sino que estas se toman teniendo en cuenta especialmente unos determinados intereses económicos y unas concepciones equivocadas sobre ciertos territorios (por ejemplo cuando se considera que los humedales o los manglares constituyen terrenos “malsanos” que deben ser “civilizados”), o que las sabanas inundables de la Orinoquia son “sabanas mal drenadas” cuyas dinámicas deben ser corregidas.
La necesidad de coevolución con el cambio climático puede convertirse en una oportunidad para aprovechar al máximo no solamente el conocimiento acumulado, sino la capacidad para generar nuevos aprendizajes a través de verdaderos diálogos de saberes, cuyo pre-requisito son los diálogos de ignorancias. Es decir: el reconocimiento de que ninguna de las formas de conocimiento, ni el académico ni el comunitario, poseen toda la verdad y de que ambos necesitan complementarse con el otro para contribuir a la construcción de una visión integral y compartida de la realidad.

16.  Experiencias exitosas de Gestión ambiental, Gestión del riesgo, Adaptación y Responsabilidad Empresarial
A todo lo largo y ancho del territorio nacional, desde la Guajira hasta el Amazonas y desde la Costa Pacífica hasta los Llanos Orientales, existen experiencias concretas, muchas de ellas sistematizadas, que demuestran cómo se lleva a cabo en la práctica eso que se llama “gestión del desarrollo sostenible”, gestión participativa del riesgo”, “adaptación” y otras múltiples estrategias apropiadas de gestión territorial y social, así como experiencias protagonizadas por empresas del sector privado que muestran cómo se materializa, en procesos concretos con el ambiente y con las comunidades, la llamada “responsabilidad social empresarial”.
PROYECTO CHECUA - SAN JUAN DE RIOSECO, CUNDINAMARCA
Entre esas experiencias hay unas lideradas por comunidades de base, urbanas y rurales; otras adelantadas en conjunto entre comunidades, instituciones públicas y/o instituciones educativas; otras muchas en las cuales participan o han participado agencias de cooperación internacional, conjuntamente con actores nacionales. Otras, como se indicó arriba, son llevadas a cabo por empresas del sector privado, también aliadas muchas veces con actores estatales y comunitarios.

No todas, pero sí muchas de esas experiencias, han sido evaluadas, validadas y sistematizadas, y han demostrado cómo se puede enfocar y ejecutar a cabo el desarrollo de una manera diferente a como se ha venido llevando a cabo, hasta producir la crisis compleja en que se encuentra embarcada la humanidad.

En esas experiencias, que cada vez son menos “casos aislados” , existen los ingredientes necesarios para adoptar políticas públicas que no solamente respondan a las particularidades de las diversas regiones colombianas, sino que, al tener sus raíces en el territorio mismo, van a poder ser aplicadas con mucho más éxito, legitimidad, responsabilidad y apropiación por parte de los actores locales.

Lamentablemente existen también muchas políticas públicas expedidas desde el nivel nacional, que no solamente no aprovechan las lecciones generadas por estas experiencias locales, sino que claramente van en contra de los aprendizajes adquiridos y de los procesos organizativos que permitieron obtener esos resultados.

17.  Potencial para reconversión tecnológica por sectores
Existe también en el país un enorme potencial para la reconversión tecnológica en los sectores productivos, como lo han demostrado las experiencias exitosas del sector empresarial a las que hacíamos mención en el punto anterior.

Ese potencial para la reconversión va a resultar mucho más efectivo si no se lleva a cabo de manera aislada, sino como un engranaje capaz de articularse con todas las demás ventajas comparativas enunciadas en estas páginas y con las otras muchas que con toda seguridad nos ha faltado mencionar.

Conclusión parcial:
Esto mismo es lo que, en teoría, plantea el Plan Nacional de Adaptación al CambioClimático, que es a su vez una de las herramientas establecidas por el documento CONPES 3700 (2011) que contiene la “Estrategia institucional para la articulación de políticas y acciones en materia de cambio climático en Colombia”.

La existencia de esos dos instrumentos de política pública haría innecesarios documentos como este, de no ser porque en la práctica las grandes decisiones del desarrollo se siguen tomando como si no existieran procesos como el cambio climático que claramente obligan a redefinir las prioridades del desarrollo y porque se siguen desconociendo las ventajas con que cuenta el país para coevolucionar con el cambio climático, lo cual impide identificar cuáles son los factores territoriales que por ningún motivo se pueden sacrificar en aras de obtener beneficios de carácter económico, aun cuando dichos beneficios se vayan a utilizar para combatir la pobreza o para invertirlos en “desarrollo sostenible”.

Una prueba de esto es el documento CONPES 3762 (expedido en 2013, dos años después del CONPES 3700), que establece los LINEAMIENTOS DE POLÍTICA PARA EL DESARROLLO DE PROYECTOS DE INTERÉS NACIONAL Y ESTRATEGICOS- PINES, dentro de los cuales no figura uno sola consideración que haga referencia a la gestión del riesgo ni a la adaptación al cambio climático. La única referencia que hace ese documento al tema ambiental es para presentar las licencias ambientales y las consultas previas a las comunidades étnicas, como obstáculos que se oponen a un eficaz desarrollo de los PINES.
Como he dicho varias veces, no podemos vender los riñones para comprarnos un aparato par diálisis. No podemos combatir la pobreza económica empobreciéndonos en lo que ya somos ricos. Estas 17 ventajas coevolutivas del territorio colombiano son unas de esas riquezas colectivas que ya tenemos y que debemos proteger y fortalecer. Cualquier medida que se tome y que deteriore a alguna de ellas, nos va a hacer más vulnerables no solamente frente al cambio climático sino frente a muchas de las otras fuentes de amenaza que hoy existen en el mundo y que no necesariamente dependen directamente del clima.

A finales del año 2014 el doctor Simón Gaviria, Director del Departamento Nacional de Planeación, convocó a un grupo de ambientalistas con el fin de recibir propuestas para el próximo Plan Nacional de Desarrollo, las cuales están siendo sistematizadas por Wendy Arenas y Juan Pablo Ruiz, representante de las ONGs en el Consejo Nacional de Planeación. Esperemos que las múltiples propuestas que se entregaron encuentren suelo fértil.
LA META: UN TERRITORIO -TELARAÑA- ARTICULADO Y FUERTE, CAPAZ DE OFRECERLES SEGURIDAD INTEGRAL TANTO A LOS ECOSISTEMAS COMO A LAS COMUNIDADES Y QUE BASE SU FORTALEZA EN LA FLEXIBILIDAD. UNOS ACTORES -ARAÑAS- QUE PARTICIPEN EFECTIVAMENTE EN LAS DECISIONES Y CON SENTIDO DE IDENTIDAD. Y AGUA EN LA CANTIDAD Y CALIDAD QUE REQUERIMOS LOS SERES VIVOS DE TODAS LAS ESCALAS PARA EJERCER EL DERECHO A LA VIDA CON CALIDAD Y DIGNIDAD

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