lunes, noviembre 17, 2014

Por qué los Derechos de Infancia y Adolescencia son útiles como orientadores e indicadores de la dirección del desarrollo

 Si como resultado de un proceso o proyecto de desarrollo se generan condiciones que hacen más posible el cumplimiento de los derechos de infancia y adolescencia, toda la sociedad se beneficia. Y por el contrario, si se afecta negativamente esa posibilidad, todo el conjunto social se perjudica.
Cuando en 2008-2009 estaba elaborando con UNICEF un documento sobre cambio climático y derechos de infancia [1], Olga Isabel Isaza, funcionaria de ese organismo internacional, me hizo ver, con cifras en la mano, que “la mayoría de los pobres en Colombia son niños y que la mayoría de los niños de Colombia son pobres”.[2]

A partir de esa frase, en ese documento propusimos de manera expresa que los derechos de la infancia y la adolescencia se utilizaran como PRINCIPIOS ORIENTADORES al momento de diseñar y ejecutar proyectos relacionados con reducción de pobreza, gestión integral de recursos hídricos y adaptación al cambio climático. Consideramos entonces, y personalmente considero todavía (y supongo que también UNICEF), que los derechos de infancia y adolescencia constituyen herramientas prácticas para avanzar de manera armónica en la reducción de todas las formas de pobreza y en la construcción de territorios integralmente seguros.

Más allá de lo anterior, seguimos corriendo el cerco y propusimos que las estrategias encaminadas a la adaptación al cambio climático y a la reducción de la pobreza en los medios rurales y urbanos, se deberían “estructurar de manera que generen oportunidades concretas para la infancia y la adolescencia: educación pertinente y de alta calidad, recreación y salud, conectividad, participación, gestión integral y participativa del agua, saneamiento ambiental, etc.  En general, en todas las estrategias y políticas públicas debe estar subyacente el objetivo de crear condiciones para el ejercicio efectivo del derecho a la vida y de todos aquellos derechos estrechamente ligados a este.”
A partir de allí resultaba obvio y necesario avanzar hacia nuevas recomendaciones para la política hídrica que en ese momento estaba diseñando el Gobierno colombiano. 

Esas recomendaciones hoy se extienden a todo proyecto de desarrollo, tenga o no tenga una relación directa con la infancia:

- Que se base en un enfoque de derechos, a partir del cual el derecho a la vida, el derecho al agua y el derecho a la biodiversidad resultan inseparables.

- Que reconozca la prevalencia de los derechos de la infancia y la adolescencia en cuanto se refiere al derecho al agua, al derecho a la biodiversidad y en general a la gestión del desarrollo (que incluye gestión ambiental y social, gestión del riesgo y adaptación al cambio climático).

- Que se concreten mecanismos institucionales y sociales a través de los cuales los niños, niñas y adolescentes (y otros actores a nombre de ellos) puedan EXIGIR el respeto a sus derechos, incluido el derecho al ambiente sano, que incluye el derecho al agua, el derecho a la biodiversidad ("A la hora de la verdad dependemos de la biodiversidad")  y el derecho a la gestión del riesgo y a la adaptación al cambio climático ("El cambio climático es un hecho, la adaptación es un derecho").

- Que se establezcan espacios y herramientas que propicien la verdadera participación de niños, niñas y jóvenes en el proceso de construir colectivamente y de llevar a la práctica las estrategias a través de las cuales se garantizará la efectividad de estos principios.
Nos encontramos en un momento crítico de la historia humana y de la Vida en la Tierra, marcado por el hecho de que el planeta se ha visto obligado a poner en funcionamiento todos sus mecanismos de auto-organización como respuesta a las transformaciones que el “desarrollo” ha introducido en la atmósfera, en los suelos, en los cuerpos de agua, en los ecosistemas marítimos y terrestres y en general en la biosfera, lo cual ha generado una serie de consecuencias que englobamos bajo el nombre de “cambio climático”.

Posiblemente en este momento (cuando coincidencialmente se cumplen exactamente 55 años desde que la Asamblea General de las naciones Unidas adoptó la Declaración de los Derechos del Niño), encuentre suelo fértil la propuesta de que los derechos de infancia y adolescencia no solamente se utilicen como PRINCIPIOS ORIENTADORES de las políticas de reducción de pobreza, de gestión hídrica y de adaptación al cambio climático, sino en general como INDICADORES que permitan saber de manera cualitativa y cuantitativa si el desarrollo avanza hacia eso que se ha dado en llamar “desarrollo sostenible” o si por el contrario apunta en la otra dirección.
Los Principios-Derechos consagrados en esa Declaración son:
1. El derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.
2. El derecho a tener una protección especial para el desarrollo físico, mental y social del niño.
3. El derecho a un nombre y a una nacionalidad desde su nacimiento.
4. El derecho a una alimentación, vivienda y atención médicos adecuados.
5. El derecho a una educación y a un tratamiento especial para aquellos niños que sufren alguna discapacidad mental o física.
6. El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad.
7. El derecho a actividades recreativas y a una educación gratuita.
8. El derecho a estar entre los primeros en recibir ayuda en cualquier circunstancia.
9. El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.
10. El derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal.

En este más de medio siglo que ha transcurrido desde las Naciones Unidas expidieron la Convención citada, se han ido entendiendo mucho mejor las implicaciones de la misma.
De acuerdo con el documento titulado “Marco para las Políticas Públicas y Lineamientos para la Planeación del Desarrollo de la Infancia y la Adolescencia en el Municipio – Guía para Alcaldes”[3] publicada en 2007 por el DNP, el Ministerio de Educación Nacional, el Ministerio de Protección Social y el Instituto Colombiano de  Bienestar Familiar, los niños, las niñas y los adolescentes tienen todos los derechos de cualquier ser humano y, además, algunos derechos adicionales establecidos para garantizar su protección y su desarrollo durante el comienzo de la vida. Esos derechos son:


A la Existencia: que tengan las condiciones esenciales para preservar su vida.
Al Desarrollo: que tengan las condiciones básicas para progresar en su condición y dignidad humanas.
A la Ciudadanía: que sean tratados como ciudadanos (es decir, como personas participantes y con todos los derechos) y que tengan las condiciones básicas para la vida en sociedad y para ejercer la libertad.[4]
A la Protección: que no sean afectados por factores perjudiciales para la integridad humana.

Nuestra propuesta de que los derechos de infancia y adolescencia se utilicen como ORIENTADORES e INDICADORES del rumbo de todo proyecto o proceso de desarrollo (incluyendo proyectos productivos, obras de infraestructura, etc) se basa en la presunción de que si como resultado de ese proceso o proyecto se generan condiciones que hacen más posible el cumplimiento de esos derechos, toda la sociedad se beneficia. Y por el contrario, si se afecta negativamente esa posibilidad, todo el conjunto social se perjudica.

Lo anterior, decía nuestro documento, parte del reconocimiento de que el cumplimiento efectivo de los derechos humanos universalmente consagrados, incluyendo los derechos de infancia y adolescencia, solamente es verdaderamente posible si en el territorio del cual un ser humano forma parte, existen condiciones reales que posibilitan el ejercicio de ese derecho. La existencia de esas condiciones objetivas y subjetivas determina que el derecho no se quede solamente consagrado en las normas, sino que se convierta en una característica intrínseca del respectivo territorio y de las relaciones de los individuos y comunidades con el mismo.
El abordaje del desarrollo desde la óptica de los derechos humanos implica conocer las características de los mismos:

* Están centrados en los seres humanos, es decir, que la primera consideración rectora de cualquier actividad se debe realizar con referencia a la calidad de vida de las personas, sin descuidar que lo anterior tiene que interpretarse sin desconectar a la gente de los territorios de los cuales forman parte. Es decir, por ejemplo, que el derecho a la alimentación no justifica la pesca con dinamita, ni el derecho a la libertad de empresa o al trabajo justifican la depredación de los ecosistemas.

* Son universales, lo cual quiere decir que están constituidos y reconocidos a favor de todo individuo perteneciente a la especie humana, sin importar su origen nacional o étnico, su género o su edad, sus creencias o condición económica, política o social.

* Son indivisibles e interdependientes, o sea que se reconoce que así como en nuestro esquema de la seguridad territorial cada factor constituye un prerrequisito para la efectividad de los demás, así en el campo de los derechos humanos cada uno constituye un prerrequisito para que puedan ejercerse plenamente los otros derechos. No es posible ejercer el derecho a la vida si se desconocen los derechos ambientales de las personas o si se les impide ejercer actividades tendientes a satisfacer sus necesidades económicas, sociales o culturales, o ejercer su libertad personal. Por eso, aun cuando no se reconociera que el derecho al agua es un derecho humano fundamental, difícilmente alguien podría demostrar que sin acceso al agua en la cantidad y con la calidad necesaria, es posible ejercer los demás derechos humanos, empezando por el derecho a la vida.

* Son irrenunciables, lo cual significa que una persona no puede renunciar, por ejemplo, a su derecho a vivir en un ambiente con calidad, como “precio” por su derecho a trabajar y en consecuencia a obtener ingresos que le permitan sustentarse a sí mismo y a su grupo familiar. O una mujer y unos niños no pueden –o no deben- renunciar a su derecho al buen trato y a la dignidad, a cambio de la aparente seguridad económica que les ofrece el jefe del hogar. Los seres humanos tampoco estamos en condiciones objetivas ni subjetivas de renunciar al derecho al agua que nos otorga nuestra condición de seres vivos.

* Son exigibles, es decir que la sociedad a la que pertenece o en la cual se encuentra temporalmente una persona, debe proveer mecanismos institucionales eficaces a través de las cuales se pueda reclamar el respeto a los derechos humanos, exigir que cesen las violaciones de que puedan estar siendo objeto, y obtener el debido restablecimiento y reparación cuando hayan sido violados.
Además de las anteriores, los derechos de la infancia y la adolescencia poseen dos características adicionales:

* Son prevalentes, lo cual quiere decir en caso de presentarse dilemas de cualquier naturaleza (jurídica, presupuestal, social, política, operativa, etc.) estos deben resolverse siempre a favor de los derechos de la infancia. 

* Son fundamentales, lo cual constituye un reconocimiento expreso al hecho de que sin el reconocimiento de los derechos de la infancia es imposible el ejercicio de los derechos de que los integrantes de este segmento de la población es titular en su condición de seres humanos.
Decía nuestro documento de 2009, y lo repito ahora, que el abordaje de la gestión del riego y de la adaptación al cambio climático desde un enfoque de derechos tiene, además, un significado práctico importante: es una manera de promover una posición proactiva frente a esos temas por parte de la población. Una persona está dispuesta a reclamar y a defender lo que identifica como un derecho a favor de sí misma, de su comunidad, de su familia. Usualmente la gente se moviliza efectivamente cuando sus intereses más fundamentales están amenazados y no para defender un ideal o un concepto, a menos que estos últimos estén ligados a esos derechos e intereses. Es importante ligar, y que la gente ligue, la gestión del riesgo y la adaptación al cambio climático como procesos sin los cuales sus derechos –empezando por el derecho a la vida- no podrán ser ejercidos de manera plena.

Por ejemplo: fácilmente reconocemos que nuestros hijos e hijas tienen derecho a que  el establecimiento escolar en que se encuentran matriculados les ofrezca unas condiciones mínimas de respeto y de seguridad que garanticen que estarán seguros en caso de ocurrir un sismo, una inundación o una alteración del orden público, pero no reconocemos que también tienen derecho a que cuando se tome una decisión que puede generar un impacto ambiental considerable (como construir una carretera o una represa, o expedir la autorización para una explotación minera) se tengan en cuenta consideraciones de carácter ambiental y de gestión del riesgo que eviten que con esa obra se generen condiciones que pueden determinar que, años después, se produzca un desastre que les quite la vida, o que se queden sin agua. 
Por qué se justifica armar un discurso para la adaptación y la política hídrica desde estos derechos

Responder a esta pregunta implica dos consideraciones:

1. Como se dijo anteriormente, los derechos de la infancia y la adolescencia son prevalentes y fundamentales, o sea que deben tener prioridad sobre los demás derechos. El pleno ejercicio de esos derechos el día de HOY, requiere que HOY MISMO existan en el territorio condiciones concretas que lo hagan posible.

2. Pero además de lo anterior, los efectos más dramáticos del cambio climático, que se prevén para los alrededores del año 2050 (si es que no se concretan antes de esa fecha, como parece que va a ser el caso), deberán ser enfrentados por quienes HOY se encuentran en la infancia y en la adolescencia, y por quienes todavía no han nacido. Por una parte, entonces, es necesario intervenir DESDE AHORA sobre los factores de riesgo existentes o potenciales, con un triple objetivo:

- Reducir al máximo la magnitud de los mismos, porque están poniendo en peligro la vida, las condiciones de existencia y las oportunidades que el territorio les debe ofrecer a sus habitantes para el libre desarrollo de sus capacidades.

- Evitar en lo posible que les dejemos facturas ambientales y sociales sin pagar a las generaciones que nos siguen.

- Garantizar en lo posible que los niños, las niñas y quienes hoy son adolescentes, así como quienes todavía no han nacido, crezcan con las condiciones físicas, ambientales, sociales, intelectuales, emocionales, afectivas y culturales necesarias para formar seres humanos integralmente capaces de enfrentar los retos que deben afrontar hoy y los todavía mayores que deberán afrontar en el futuro. 

¿Qué va a requerir la humanidad en el futuro? Seres humanos que puedan vivir armónicamente en y con ese nuevo planeta en que se está convirtiendo la Tierra como consecuencia del cambio climático y de las demás crisis que hoy confluyen en la sociedad y en la biosfera. ¿Cómo comenzar a formar esos seres humanos desde ahora?                        


[1] Gustavo Wilches-Chaux, “CORRIENDO EL CERCO - Inclusión de los derechos de la infancia y la juventud en las Políticas Hídrica y de Adaptación al cambio climático y otros temas relacionados”. UNICEF, Julio 2009 - Inédito

[2] De acuerdo con los datos que maneja UNICEF (2009), en el caso de Colombia el 40% de la población se encuentra entre los 0 y los 18 años de edad (lo cual técnicamente quiere decir que están en la infancia). Además el 45% de la población está por debajo de la línea de pobreza, al tiempo que el 67% de los niños y niñas de Colombia se encuentra por debajo de esa misma línea. Estos datos se refieren exclusivamente a la dimensión económica de la pobreza; no entran a considerar, por ejemplo, la pobreza ambiental de los entornos en donde crecen los niños y niñas, ni el empobrecimiento cultural de una sociedad que pierde aceleradamente su memoria, su identidad y sus valores esenciales, ni la pobreza emocional y afectiva derivadas de pertenecer a familias o a comunidades en crisis.

[3] DNP, Ministerio de Educación Nacional, Ministerio de Protección Social, Bienestar Familiar, “Marco para las Políticas Públicas y Lineamientos para la Planeación del Desarrollo de la Infancia y la Adolescencia en el Municipio – Guía para Alcaldes”. Bogotá, 2007.

[4] En un libro anterior, el autor de este texto mencionaba que así como hoy existe –o como existió en algún momento- la asignatura de “Civismo y Urbanidad”, debería existir también la asignatura de “Campesinismo y Ruralidad”. El hablar de “Ciudadanos” como condición genérica muestra hasta qué punto estamos incluidos por la visión urbana de la existencia y hasta qué punto esa visión establece nuestras prioridades..

domingo, agosto 03, 2014

Lecciones de trabajo en equipo

No, no es un cangrejo: es un equipo de hormigas en la ardua tarea de trasdladar un trozo de pan


En uno de los talleres previos al Encuentro sobre Desarrollo y Biodiversidad en Urabá:
"El territorio se piensa a sí mismo desde el agua y la biodiversidad"

sábado, julio 12, 2014

BIODIVERSIDAD ES LO QUE SOMOS

Hoy la palabra “biodiversidad” es un poco más conocida que hace dos décadas cuando, por ejemplo, términos como “biogeográfico” (el apellido que ostenta la región chocoana que se extiende a todo lo largo de la costa pacífica entre Panamá y el norte del Ecuador), constituían un trabalenguas para la mayoría de los mortales.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, los habitantes de Colombia no siempre nos damos cuenta de la biodiversidad que nos rodea, precisamente porque nacimos, crecimos y vivimos en medio de ella. Somos parte integral de esa biodiversidad.

Como sucede en otros campos, sólo somos conscientes de nuestra biodiversidad cuando nos hace falta. A veces porque viajamos a países de latitudes templadas en donde encontramos bellos paisajes, pero de una uniformidad, de un “juicio” y de una formalidad que nos sorprenden: grandes extensiones cubiertas de bosques formados por dos o tres especies de árboles, cuando no de una sola especie. La explosión de color de la primavera o los paisajes otoñales o de invierno que evocan las postales de navidad. Hermosos sí, pero los sentimos ajenos, como por allá.
Otras veces, en nuestros propios territorios, nos damos cuenta de la biodiversidad perdida, cuando sobrevolamos en avión o recorremos por tierra enormes territorios cubiertos con el color y la textura uniforme de esos monocultivos característicos de la agricultura industrializada, de la hoy en auge industria de los agrocombustibles o de la industria forestal.
Nosotros somos todo lo contrario: paisajes ariscos, vegetación aparentemente “desordenada” (que se rige por el orden propio de la naturaleza, no por el orden humano), texturas que reflejan y muchas veces marcan nuestra manera de ser. No vamos a caer en “determinismos geográficos”, pero tampoco a negar que cada cual ha sido amasado con el barro de donde nació.
Nuestra caprichosa topografía y nuestra condición de país tropical (más precisamente: de país ecuatorial o equinoccial), nos permite pasar en corto tiempo de un ecosistema de alta montaña (como un bosque de niebla, un páramo y a veces un paisaje nevado) a un ecosistema de valle interandino de clima caliente, con todo lo que ello implica en términos de temperatura, de humedad, de gente, de fauna y de vegetación.
O descender desde la Sabana de Bogotá hasta los Llanos Orientales. O, sin salir de Nariño, pasar de la gélida planicie de Guachucal hasta el andén del Pacífico y el puerto de Tumaco. Los vecinos de la Sierra Nevada de Santa Marta pueden abarcar con una sola mirada los picos –cada vez menos- nevados y los bosques de mangle a la orilla del mar. O la vegetación de clima seco de la Guajira y el Valle de Upar.
Incluso nuestras zonas urbanas están rodeadas de biodiversidad. En los Cerros Orientales que le sirven de cabecera a Bogotá, comienza el páramo más grande del mundo: el de Sumapaz (claro que páramos solamente existen en Colombia y en algunas partes de Venezuela, del Ecuador y del norte del Perú). En medio de la ciudad existen algunos cientos de hectáreas de humedales que lograron escapar al buldócer de la urbanización. Y a pocos minutos de los límites de la ciudad, hacia cualquier punto cardinal, paisajes diferentes, otras temperaturas, nuevos olores, nuevas sensaciones y colores.
La ciudad de Armenia estácruzada por cañadas de exuberante vegetación. El Jardín Botánico de Pereira es una selva de guadua y otras especies en medio de la ciudad. Manizales crece en territorio que todavía conserva parte de sus bosques de niebla y toda la dinámica de la “lluvia horizontal”. Cali no se concibe sin los Farallones, ni Bucaramanga sin el Cañón del Chicamocha, ni Medellín ni los paisas sin sus cerros tutelares. Esto para poner solamente algunos ejemplos de ciudades andinas.
Porque en las ciudades del Caribe, o de la Orinoquia y la Amazonia, el mar y los ríos y la selva forman parte integral de las zonas urbanas de la respectiva región.
Ni que decir de las ciudades y pueblos de la costa del Pacífico, donde a pesar de tantas décadas de deterioro ambiental, siguen mandando la parada los ríos y los aguaceros y la selva, cuando no los temblores y el mismísimo mar.
Y uno ahí: alimentándose de lo que produce en abundancia su región, preparado a la manera como se viene haciendo desde muchas generaciones atrás. Porque la biodiversidad también se come. La gastronomía también es expresión de la biodiversidad.
Y uno ahí: hablando y oyendo hablar con el acento específico de cada lugar. Porque la biodiversidad también se narra. (Biodiversidad se escribe con “B” de Ballenato y se canta con “V” de Vallenato).
Y en las zonas de Colombia en donde se materializa la razón por la cual la Constitución dice que somos una nación pluriétnica y multicultural, uno crece y vive (o debería crecer y vivir) con la convicción de que la “igualdad” es el derecho inalienable que le asiste a cada persona y a cada cultura para ser diferente de las demás.
En el colegio nos enseñaban que una de las “causas” de la Independencia había sido la Expedición Botánica que dirigió José Celestino Mutis a partir de 1783. Esa “causa” la repetíamos de memoria, junto a “la influencia de la Revolución Francesa”, “la traducción de los Derechos del Hombre”, “el despotismo de los españoles” y no recuerdo qué otra más. Sin embargo hoy entiendo que la Expedición Botánica no solamente nos mostró por primera vez que (nosotros y nuestra naturaleza) éramos “distintos” de los europeos sino, sobre todo, que esa diferencia no era motivo de vergüenza sino nuestro máximo valor.
En el 2010 coincide la celebración del “Bicentenario de la Independencia” (palabra más fácil de pronunciar que “biogeográfico” pero más difícil de entender) con el “Año Internacional de la Biodiversidad”.
Feliz coincidencia que me da la oportunidad de proponer que más bien hagamos de este año una permanente CELEBRACIÓN DE LA INTERDEPENDENCIA entre nosotros y nuestra biodiversidad. Entre la especie humana y nuestro planeta Tierra, el lugar más biodiverso del Universo conocido.
Cuando descubramos otros lugares “vivos” en el cosmos, seguramente ya no hablaremos del Universo sino del Biodiverso.
Pero mientras tanto no.
Gustavo Wilches-Chaux
Escrito para el Instituto Humboldt en el año 2009



ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE DESARROLLO Y BIODIVERSIDAD EN URABÁ-DARIÉN

El futuro que queremos con paz, calidad de vida, desarrollo, participación, comunidad y biodiversidad

OBJETIVO DEL ENCUENTRO
Propiciar un diálogo entre actores comunitarios,  institucionales y empresariales de Urabá-Darién, con científicos y tomadores de decisiones del nivel regional, departamental, nacional e internacional; diálogo del cual esperamos que surjan unos lineamientos mínimos concertados que orienten el desarrollo de la región de manera que contribuya de manera efectiva a garantizar simultáneamente el fortalecimiento y la calidad integral de vida de los actores locales de las generaciones actuales y futuras, y el fortalecimiento de la integridad y la biodiversidad de los ecosistemas estratégicos de los cuales depende la viabilidad del territorio.
Somos conscientes de que la biodiversidad en todas sus expresiones, incluidas aquellas que se expresan a través de la creatividad y resiliencia de las comunidades humanas, constituye un factor esencial de la capacidad del territorio Urabá-Darién para enfrentar desafíos actuales y futuros, que incluyen los efectos de la variabilidad y del cambio climático, las dinámicas económicas nacionales y globales y el gran reto de ofrecerle a la semilla de la paz un territorio en el cual pueda germinar y fructificar.
Urabá es conocido en Colombia y en otros lugares del mundo como una región con extensas plantaciones de banano y ahora de palma aceitera, y como uno de los escenarios en los cuales ha alcanzado niveles más sangrientos el conflicto armado, pero tanto en Colombia misma como en el resto del mundo es poco conocido que esta región –y más propiamente la que conforman Urabá y el Darién- es uno de los lugares con mayor biodiversidad en el planeta. No en vano se encuentra en la doble axila que une al Mar Caribe con el Océano Pacífico y a Mesoamérica con América del Sur.
De acuerdo con un documento reciente elaborado por el Jardín Botánico de Medellín, “en las 1’176.633 hectáreas que comprende el Urabá antioqueño, se han identificado 52 ecosistemas que incluyen desde los bosques de tierras bajas más lluviosos del planeta (máxima pluviosidad registrada: 4.000 a 9.000 mm anuales), en límites con el departamento del Chocó; bosques secos de tierras bajas en la frontera con el departamento de Córdoba, bosques de montaña en el Nudo de Paramillo y en el extremo de la cordillera occidental, ecosistemas costeros de manglar y de humedales en la Ensenada de Rionegro y la ciénaga La Marimonda. Así mismo se encuentran ecosistemas marinos propios de un golfo que tiene 498 kilómetros de costas, lo que representa el 18% con respecto al Caribe continental colombiano, siendo Antioquia el segundo departamento de Colombia con mayor  extensión costera después del departamento de La Guajira.” Todo esto significa diversidad de climas, de paisajes, de especies animales y vegetales, de recursos genéticos y, por supuesto, de culturas, pues hoy sabemos la estrecha vinculación y mutua dependencia que existe entre biodiversidad ecológica y diversidad cultural.
La Gobernación de Antioquia, a través de la Secretaría de Ambiente, del Proyecto Integral para el Desarrollo de Urabá y del IDEA, en alianza con el Jardín Botánico de Medellín, está organizando un Encuentro sobre Desarrollo y Biodiversidad en Urabá-Darién que se llevará a cabo el 20 y 21 de Noviembre en Apartadó. La Universidad de Antioquia, que desde hace muchos años cumple un papel muy importante en la región, también se ha unido a la organización y está jugando un papel muy importante en todo el proceso.

El objetivo del Encuentro es que distintos actores de la región, incluyendo autoridades locales, organizaciones comunitarias, empresarios, instituciones educativas, medios de comunicación y comunidad en general, dialoguen entre sí y con instituciones y con expertos nacionales e internacionales, con el propósito de reflexionar conjuntamente sobre la importancia que tiene la biodiversidad como eje para la definición participativa de unos lineamientos estratégicos para el desarrollo regional. El evento se enmarca dentro del Eje Central del Plan de Desarrollo Departamental: “Antioquia la más educada”.
Queremos avanzar hacia la construcción de una visión integral y compartida del territorio, que permita identificar y comprender las dinámicas y las interdependencias entre los seres humanos y los ecosistemas, a sabiendas de que la “seguridad territorial” depende de que ni la dinámica de los ecosistemas se convierta en una amenaza contra las comunidades humanas, ni las dinámicas humanas amenacen los ecosistemas.

En esos diálogos, además de los actores humanos, deben participar también, de manera expresa y real,  los ecosistemas y su biodiversidad, el agua, los suelos, las montañas, el mar. Y no como una mera convención simbólica, sino porque sin su voz y sin su aquiescencia nunca podrá existir verdadera sostenibilidad ecológica, social, cultural ni institucional. Aspiramos a que esas voces lleguen a través del saber local tradicional, de los institutos científicos, de las organizaciones ambientales y de la universidad.
Un insumo y un resultado prioritario de este proceso, es el fortalecimiento de todas las capacidades para el liderazgo que existen en la región. Esto incluye desde proponer transformaciones en la escuela, que propicien que desde la infancia misma los niños y niñas de la región comiencen a comprender de manera integral el territorio del cual forman parte, y que en un futuro no remoto va a depender de las decisiones que  ellos tomen, hasta facilitar la incorporación de la dimensión ambiental en la agenda de los líderes actuales comunitarios, empresariales e institucionales. Pasando, claro, por el apoyo a las organizaciones de jóvenes que hoy le apuestan a una región en la cual sea posible la vida con calidad y dignidad.
Antes del Encuentro se realizarán al menos tres encuentros previos, uno en cada una de las tres subregiones de Urabá. Se espera que en esos encuentros previos los actores locales definan las visiones y propuestas que llevarán al Encuentro de Noviembre. Las organizaciones de jóvenes deben tener un protagonismo especial en el proceso.

Ponemos especial énfasis en un enfoque de derechos de la infancia y la adolescencia, porque esos derechos son reconocidos internacional y nacionalmente (derechos prioritarios e irrefutables) y porque se supone que si el desarrollo genera condiciones reales que permitan el ejercicio efectivo de esos derechos, no solamente será benéfico para niños, niñas y adolescentes, sino para el territorio y sus actores en general.

También porque quienes hoy se encuentran en la infancia y en la adolescencia llegarán a la edad adulta precisamente cuando los efectos del cambio climático se estarán manifestando con mayor intensidad. Tenemos el deber de dotar desde ahora a niños, niñas y jóvenes de capacidades que les permitan enfrentar satisfactoriamente ese y otros desafíos de este planeta cambiante.

Se busca que como resultado del Encuentro y del proceso de preparación que lo precede, surjan desde la región misma una serie de lineamientos que orienten cómo tiene que ser el futuro desarrollo en Urabá-Darién y qué requisitos debe cumplir cada inversión (incluidas las “carreteras para la prosperidad” y el puerto que está planeando la Gobernación), de manera que las principales beneficiarias sean las comunidades locales y que no se ponga en peligro la integridad y la diversidad de sus ecosistemas, pues de eso depende la viabilidad del territorio frente a los efectos de los extremos climáticos que la van a afectar como consecuencia de los procesos climáticos globales y regionales que ya existen y de los que van a venir.
Bloques temáticos
Primer bloque temático: A la hora de la verdad dependemos de la biodiversidad

Esperamos obtener a partir de los diálogos que tengan lugar en este bloque, una mejor comprensión de la lógica de las interacciones entre los distintos ecosistemas y actores sociales e institucionales de la región, y particularmente de aquellas dinámicas que surgen del Darién, del golfo de Urabá, de la cuenca del Atrato y en general de la posición de la región en el planeta.

Segundo bloque temático: Desarrollo armónico con la biodiversidad y la comunidad
Vamos a dialogar alrededor de dos ejes:
1.    Grandes proyectos de desarrollo y su relación con el territorio, la comunidad y la biodiversidad, a partir de preguntas como ¿Qué dimensiones y precauciones deben ser tenidas en cuenta en cada proyecto de desarrollo de manera que no se afecte negativamente el patrimonio natural, social y cultural de la región?

2.    La biodiversidad y las oportunidades que ofrece para un nuevo enfoque del desarrollo, y su importancia en temas como el Biocomercio, la Seguridad, soberanía y autonomía alimentaria, la Agroecología, el Turismo de naturaleza y los Sistemas productivos sostenibles.

Tercer bloque temático: Paz con los ecosistemas y paz  entre los seres humanos en Urabá-Darién:
¿Cómo entender el territorio, la biodiversidad, el desarrollo y los impactos de procesos como el cambio climático desde la seguridad humana?

¿Cómo garantizar que en la planificación, ejecución y evaluación del desarrollo estén presentes de manera efectiva el enfoque de género y los derechos de la infancia y la juventud?
¿Cómo convertir este, que ha sido un escenario de guerra, en un territorio en donde sea posible que germine y fructifique la semilla de la paz?
Cuarto bloque temático o bloque de conclusiones: Qué aprendimos, qué acordamos, a qué nos comprometemos
En cuatro mesas de trabajo (1. Aspectos ecosistémicos y climáticos, 2. Infraestructura y desarrollo armónico con los ecosistemas, 3. Urabá-Darién, territorio para la paz y 4. Educación pertinente y de calidad para la región) se cocinarán los ingredientes acopiados y generados en los tres bloques anteriores y se responderán las siguientes preguntas:

-       ¿Qué aprendizajes y desafíos nos llevamos de este evento?

-       ¿Qué requisitos mínimos tiene que cumplir el desarrollo en Urabá-Darién?

-       ¿A qué nos comprometemos y qué les ofrecemos a los demás actores de la región?

-       ¿Qué acuerdos mínimos establecemos o visualizamos como posibles?

-     ¿Cuáles son los criterios que deben regir cualquier acción de desarrollo en Urabá, con base en proceso previo al seminario y los resultados del mismo?

Hemos invitado a una serie de observadores internacionales que incluyen a UNICEF, PNUD y UNCDR. Esperamos que representantes de esas instituciones intervengan para comentarnos cómo vieron y cómo sintieron el Encuentro, y que en lo posible asuman en el futuro el papel de garantes para que quienes toman las decisiones del desarrollo regional tengan en cuenta los lineamientos que surjan del encuentro.

Gustavo Wilches-Chaux
Director Académico

Mayor información en el mail encuentro.uraba2014@gmail.com 

Artículos relacionados con el enfoque de este proceso:
EL CONCEPTUARIO DE LA SOSTENIBILIDAD
Compromisos éticos y políticos que debería generar la utilización de ciertos términos en el discurso del desarrollo

BIODIVERSIDAD ES LO QUE SOMOS

LA BIODIVERSIDAD Y EL RETO DE VIVIR EN UN NUEVO PLANETA
Parte I
Parte II

¿QUÉ SIGNIFICA "ORDENAR EL TERRITORIO ALREDEDOR DEL AGUA"


sábado, junio 21, 2014

EL FENÓMENO DE EL NIÑO: UN SIMULACRO GENERAL PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Qué (quiénes) son ENOS y El Niño

Como es bien sabido, El Niño constituye la llamada “fase cálida” de ENSO: El Niño Oscilación Sur, que es una dinámica climática de carácter global, que en la práctica comprende dos fases: una cálida, El Niño y una fría: La Niña.
Su aparición a través de alguna de sus fases, se produce de manera “cuasi-periódica”, es decir, que no ocurre con intervalos regulares, aunque “algunos investigadores, aproximando cifras recogidas durante los últimos 50 años, afirman que el periodo de retorno del fenómeno ENOS de cualquier intensidad suele oscilar entre 3 y 5 años, mientras que el periodo de retorno de ENOS intensos anda por los 15 a 20 años”.
En el norte del Perú El Niño se manifiesta con fuertes lluvias y desbordamiento de ríos. En 1982-83 destruyó grandes puentes, lo que dió origen a los "camareros", o hidro-transportadores en "cámaras" (neumáticos)
ENOS forma parte de la llamada “variabilidad climática”, es decir, de esa característica de la esencia del tiempo meteorológico (el que tiene lugar en la troposfera, “la capa de los cambios”), que consiste en estar cambiando de manera permanente. El clima también comparte esa característica (por eso se llama “variabilidad climática”) pero sus cambios se producen en periodos mucho más largos que los del tiempo atmosférico; para poder “definir” el clima de una región se requiere que haya en ella unas condiciones más o menos estables durante un periodo no menor a 30 años.
Convencionalmente se ha adoptado el término cambio climático” para referirse al conjunto de efectos que genera el impacto de la actividad humana (emisión de gases de efecto invernadero, deforestación, etc) sobre los sistemas interconectados de cuya interacción surgen el clima y el tiempo: atmósfera, hidrósfera, criósfera (hielo, nieve)… En general: la biósfera.
Guía de LA RED para la Gestión Radical de riesgos asociados con el fenómeno ENOS
Uno de los posibles impactos del cambio climático sobre la variabilidad climática puede ser que El Niño y La Niña se presenten de manera más frecuente o con características más extremas, que generen un impacto mayor. En este momento, sin embargo, nadie podría afirmar con absoluta certeza que La Niña 2010-2011 que produjo tantos estragos en Colombia, o que El Niño que tiene una muy alta probabilidad de afectar al país a partir del segundo semestre de este año, sean expresiones “normales” de la variabilidad climática, o si ya reflejan la influencia del cambio climático.
Ese próximo El Niño se viene formando desde hace varios meses y su principal síntoma es el incremento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial frente a las costas, principalmente, de Ecuador y Perú. Afirman las instituciones nacionales e internacionales que estudian el tema, que también existe probabilidad de que sea uno de los más fuertes que, hasta ahora, hayan afectado al país.

El Niño se expresa de manera diferente en distintas regiones del país

El Niño no se manifiesta de la misma manera en las distintas regiones de América del Sur, e incluso tampoco en todas las regiones de Colombia. En Ecuador y Perú ha generado en el pasado un incremento exagerado de las lluvias, con los consecuentes desbordamientos de ríos, inundaciones, destrucción de puentes, etc. Pero además, pérdidas económicas y traumatismo social, especialmente en las comunidades de pescadores, pues la elevación de la temperatura de las aguas del mar se traduce en una notable reducción de las poblaciones de peces y otros “frutos del mar”. Ese aumento de las lluvias también ha incrementado la productividad de algunas zonas normalmente muy secas del norte del Perú, lo cual constituye una ventaja, que lamentablemente no compensa las enormes pérdidas que genera en otros lugares. Recordemos que quienes primero denominaron “El Niño” a este fenómeno, fueron los pescadores peruanos, que sabían que solía presentarse en la época de Navidad (como “el veranito del Niño” en Popayán).
Acueducto
En el sur de Colombia y especialmente en la Costa Pacífica, El Niño también se ha manifestado en el pasado con aumento del oleaje, elevación del nivel del mar, deterioro de corales, aumento de lluvias, desbordamiento de ríos e incremento de la temperatura ambiental. O sea, más calor y más humedad.
En las regiones Andina y Caribe, en la Orinoquia y en algunas partes del Amazonas, El Niño se ha manifestado con reducción de la pluviosidad, sequía, incremento de la temperatura diurna y descenso de las temperaturas nocturnas y al amanecer (lo cual se traduce en heladas que afectan de manera grave a los agricultores andinos), deterioro de los suelos por disminución de la humedad, incendios forestales, baja producción o pérdida de cosechas, encarecimiento de alimentos y todos los demás efectos que se derivan de la falta de agua. Lo poco que queda de los casquetes de nuestros nevados por supuesto que también va a lesionar. En todas las regiones se generan, además, cambios en los patrones de morbilidad, pues al cambiar las condiciones del ambiente cambian también muchas de las afecciones –físicas y sicológicas- que se suelen presentar.
Efectos de la sequía en Hatonuevo, Guajira

¿Cómo nos preparamos y cómo nos adaptamos?

Tras el “apagón” que duró varios meses y que afectó de manera tan grave a Colombia en 1992-1993 (que también tuvo efectos positivos como el programa “La Luciérnaga”, la recuperación de espacios y momentos para la reunión familiar y el descubrimiento para mucha gente de que también brillaban las estrellas en el cielo de las grandes ciudades), el sector energético se fortaleció a través de distintas estrategias para reducir su vulnerabilidad frente a los extremos climáticos, entre otras la diversificación de sus fuentes. Este es un muy buen ejemplo no solamente de medidas de gestión del riesgo frente a un fenómeno como El Niño, sino de adaptación al cambio climático. O sea que hoy resulta menos probable que el fenómeno de El Niño se traduzca en un fuerte racionamiento de electricidad (aunque no descarto la necesidad de medidas para economizar).
En varias entrevistas recientes el Director del IDEAM y otros funcionarios han comentado los planes de contingencia que se están adoptando en distintos sectores del Estado (en particular en el energético, el de acueductos, el sector salud y en general en todas las instituciones que conforman el Sistema Nacional Ambiental y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo), para enfrentar los efectos del fenómeno de El Niño. Por ejemplo 
Informes de SEMANA sobre El Niño: 1, 2, 3
Torre de energía en Popayán
De acuerdo con los escenarios de cambio climático que se han elaborado en el país, lo más probable es que en el futuro, en las mismas regiones en las cuales El Niño se manifiesta a través de una reducción de las lluvias y por ende de la disponibilidad de agua para los ecosistemas y las comunidades, ese sea el efecto permanente del cambio climático.
O sea que este El Niño que viene va a constituir una especie de “simulacro general” para evaluar no solamente qué tan bien preparado está el país para enfrentar unas emergencias puntuales, sino qué tan adaptados estamos para convivir sin traumatismos con esa nueva realidad le les impone a nuestros territorios el cambio climático,
Obras de infraestructura como reservorios de agua de distintos tamaños, canales, diques y otras son necesarias y útiles para la adaptación, siempre cuando se lleven a cabo como parte de estrategias integrales de gestión del territorio. Entre otras razones, porque deben reducir la vulnerabilidad frente a todos los extremos, tanto aquellos producidos por exceso de agua como por carencia de ella. De lo contrario va a ocurrir lo que ya estamos viendo en varias partes del país, donde poblaciones que en La Niña estuvieron cubiertas de agua, luego de lo cual se realizaron en ellas grandes inversiones, hoy, aún antes de El Niño, sufren por los efectos de la sequía.
Un “ordenamiento del territorio alrededor del agua”, como el que plantea el POT de Bogotá (lamentablemente hoy suspendido), será necesario en todo el país para que podamos convivir con extremos climático. Ese plan no respondió a un embeleco del Alcalde Petro sino a un estudio cuidadoso y sistemático de la manera como deben transformarse las relaciones entre las dinámicas humanas y las de los ecosistemas de los cuales dependemos y con los cuales compartimos (0 más bien: somos) el territorio.

Valores para la convivencia entre nosotros y con los ecosistemas

Algo a lo cual se le debe poner mucho más énfasis, es a la necesidad de generar ambientes de convivencia en los cuales sea posible recuperar y fortalecer valores como la Identidad, el sentido de Pertenencia, la Solidaridad, la Equidad, la Reciprocidad y la Hospitalidad del territorio, no solamente con los que vienen de afuera sino con quienes formamos parte de él. Todo esto, entre otros propósitos, con el objeto de que podamos aprender a transformar los conflictos, particularmente aquellos relacionados con el agua y con el acceso a suelos fértiles y a climas habitables. A medida que se vayan haciendo más evidentes los efectos de los extremos climáticos, en esa medida aumentarán los desplazados ambientales, incluyendo los que he llamado “desplazados in situ”: aquellos grupos de población que si bien no cambian de coordenadas, se encuentran de repente viviendo en territorios que se han transformado tanto que ya son incapaces de reconocer y de reconocerse dentro de ellos. Esto ocurre ya en muchos lugares de colombia y no tanto por ahora como resultado del cambio climático sino de la manera como se llevan a cabo muchos proyectos de desarrollo.
Recordemos que Colombia tiene el vergonzoso record de ser uno de los países del mundo con mayor cantidad de minas antipersonales sembradas en el territorio. En varias veredas el pozo de agua ha sido minado por actores armados fuera de la ley, como una manera de ejercer control del territorio y de evitar que integrantes de las Fuerzas Militares se abastezcan en ellos. Las que en últimas terminan siendo más perjudicadas son las comunidades que pierden el acceso a su agua, con todas las consecuencias desastrosas que se derivan de ahí. Esto ocurre hoy sin El Niño y sin cambio climático. ¿Qué puede suceder en esos y en otros territorios, cuando se incremente la competencia por unos recursos y unas condiciones que han posible la vida con calidad y dignidad?
Transformar la manera sangrienta como tramitan esos y otros conflictos actuales y los que están por venir, se resume en dos palabras: LA PAZ.
Sin no hay paz en Colombia tampoco será posible una verdadera adaptación al cambio climático. Y así mismo, tampoco habrá una verdadera paz si no se redefinen las prioridades del desarrollo y la manera como la Colombia urbana se relaciona hoy con los territorios que ocupan las ciudades y con la Colombia rural.
Dejo por ahora simplemente mencionada otra dimensión del desafío adaptativo, estrechamiento ligado con la paz: la posibilidad que nos debe ofrecer el territorio para obtener seguridad y salud afectiva, emocional y cultural. Lo resumo con el título de un bello libro boliviano, escrito por el alemán Stephan Rist: “Si estamos de buen corazón, siempre hay producción”.
Sobre esto conversamos en una próxima oportunidad.
Bogotá, Junio 14 de 2014