domingo, junio 12, 2011

LA SALUD AFECTIVA, EMOCIONAL Y CULTURAL EN LOS DESASTRES

... y unas fotos entrelazadas, del barrio Cerro Norte de la localidad de Usaquén en Bogotá.

El "narcisismo primario": Unidad inseparable del mundo con el YO

El concepto de “narcisismo primario” fue forjado por Sigmund Freud para referirse a esa etapa en la cual el bebé no diferencia entre su YO y el mundo que lo circunda y del cual forma parte; mundo que, inicialmente, se confunde con la madre. No en vano el bebé ha sido UNO con la madre a lo largo de todo el periodo de gestación.

A partir de allí, del “narcisismo primario”, esa investidura libidinal originaria del yo”, surge una importante construcción sicoanalítica que incorpora y explica las que el mismo Freud denominó “pulsiones” o impulsos característicos de (o por lo menos presentes en) la especie humana y que, de acuerdo con los estudiosos del tema, se ubican entre lo somático y lo síquico. Las pulsiones incluyen, por ejemplo, el Eros o “pulsión de vida”, el Thanatos o “pulsión de muerte” y, en general, todos aquellos impulsos del cuerpo y del espíritu que nos relacionan afectiva, emocional, sensorial y, si se quiere, sensual y eróticamente, con nuestra propia existencia y con la manera como nos relacionamos con nosotros mismos y con el resto del cosmos. Las pulsiones constituyen el principal ingrediente de la cosmovisión.

El barrio Cerro Norte, en la localidad de Usaquén, al norte de Bogotá, nació hace cuatro décadas, en terrenos que pertenecieron a una cantera a la cual nunca se le hizo un "cerramiento" adecuado. Es decir, un trabajo de consolidación de la ladera afectada.

La "pulsión de identidad"

Para efectos del tema que nos ocupa, el de la salud afectiva, emocional y cultural en situaciones de desastre o de crisis en general, le otorgo especial importancia a la que podríamos llamar “pulsión de identidad”, entendida ésta como el sentido a través del cual sabemos y sentimos –valga la redundancia- que pertenecemos y que somos expresión y parte de un determinado territorio. Podríamos describir también la identidad, en este caso por defecto, con las palabras de un amigo que se vio obligado a salir de Colombia por razones de seguridad, y que me hablaba del “dolor de caminar sobre un barro de cual uno no ha sido amasado”.

Desde siempre me ha interesado la exploración de la identidad y el carácter difuso de los límites entre el YO y el paisaje del cual formamos parte: “…yo mismo no podría afirmar que poseo una entidad y una identidad distinta de ese campo de fuerza que en algún momento impreciso se convierte en mi propia circunstancia, ni yo mismo podría asegurar exactamente en dónde termino yo y empieza Popayán (o viceversa). O en dónde termino yo y comienzan mis amigos, o mucha gente que teóricamente no conozco pero que veo todos los días; o en dónde terminan mis amigos y empiezan el volcán Puracé, la Plazuela de Santo Domingo o la Torre del Reloj. La propia identidad, como la piel, pasan de ser los límites del Yo, a convertirse en meros puntos de referencia, y uno, condensación temporal de la circunstancia y el instante, se diluye en la atmósfera interior de la burbuja cósmica…” POPAIANA: Sensaciones y Nostalgias

A lo largo de los años el barrio Cerro Norte se ha venido consolidando y hoy es el hábitat de cientos de familias que han construido allí su territorio vital

Más allá de la pulsión individual, el “narcisismo primario” es también una construcción cultural, el eje central de una cosmovisión predominante en distintas épocas de la humanidad, como la Edad Media, cuando los límites entre el individuo y el mundo eran reconocidamente difusos. Lo cual permitía, por ejemplo, la existencia de la Alquimia, el arte para la transformación del espíritu del artífice, a través de la manipulación y “elevación” de metales en el crisol. Porque espíritu y crisol no eran dos entidades diferentes, sino un continuum entre metáfora, sensación, conocimiento y realidad.

Esa identidad se manifiesta y defiende de manera expresa en las comunidades étnicas, que saben que su existencia y supervivencia resultan inseparables de su territorio –de la Madre Tierra- pero no se limita a esas comunidades. Consciente o inconscientemente, la mayor parte de los seres humanos heredamos y establecemos lazos de identidad y de afecto con el territorio del cual formamos y nos sentimos parte.


Las autoridades distritales no solamente han "tolerado" la construcción del barrio en una zona en donde abundan los factores de riesgo, sino que lo legalizaron e instalaron servicios públicos

De territorio seguro a fuente de amenazas

De no ser así, el traumatismo no sería tan contundente para el alma -para nuestra seguridad afectiva, emocional y cultural- cuando ese territorio “madre” que sentimos (y del cual nos sentimos) como una prolongación, se convierte en “zona de desastre” y en fuente de amenazas actuales y potenciales que ponen en peligro la vida del territorio mismo y nuestras propias vidas, en la medida en que somos parte de él.

Pongámonos en la situación del niño cuya madre –a quien identifica como territorio de identidad y de seguridad- se enferma gravemente o por alguna razón se convierte en amenaza para él. El niño es expulsado abruptamente del territorio de la certeza, para sumirse en el de la incertidumbre y la inseguridad. Lo que antes, consciente o inconscientemente, era sinónimo de protección, se convierte en algo de lo que hay que huir, pero que no se quiere abandonar. La tensión entre Eros y Thanatos produce el desgarramiento doloroso de la unidad, de la identidad.

Resulta indispensable entender los desastres como situaciones que generan una crisis contundente de la identidad, ya sean generados por dinámicas naturales, como por ejemplo cuando el camino conocido y cotidiano desaparece por un deslizamiento o por una inundación, o cuando resulta necesario evitarlo por amenaza de caída de rocas; o ya sean desastres generados por actividades humanas: el camino conocido y cotidiano que no se puede volver a transitar por que de pronto aparece sembrado de minas antipersonal (alejándome un poco de la teoría sobre el tema, siempre he pensado, en el caso de las minas antipersonal, que no es necesario que alguien pise una mina y quede mutilado, sino que la mera existencia de esos artefactos criminales en un territorio de por sí ya es un desastre).

Crisis de identidad e impacto sobre la salud física y emocional

El desastre como crisis de identidad; como pérdida parcial o total del marco de referencia espacial, afectivo y emocional que le otorga estabilidad y sentido a la existencia; como periodo de dolorosa -o por lo menos de retadora- transición, entre el YO que éramos antes de, y el YO que nace o debe nacer en y después de.

Esa crisis, por supuesto, genera importantes consecuencias sobre la salud, no solamente sobre esa dimensión que aquí hemos denominado salud afectiva, emocional y cultural, sino sobre la salud como totalidad: lo que Antonio Gramsci definía –y hoy define la OMS- como un estado de bienestar en nuestra relación con nosotros mismos, con nuestro ambiente y con nuestra comunidad.

Fabiola es una de las muchas mujeres del barrio Cerro Norte. Su familia ya lleva allí tres generaciones

Si bien, por supuesto, como consecuencia y expresión de un desastre, una persona puede sufrir traumatismos físicos o adquiere alguna enfermedad que requieren de atención médica inmediata y adecuada, también estas manifestaciones de la crisis deben entenderse y manejarse dentro de un determinado contexto afectivo, emocional y cultural. Y por supuesto, ambiental. Ejemplos recientes y extremos de esta realidad se encuentran entre las personas afectadas por los desastres desencadenados en Haití por el terremoto de enero de 2010 (luego del cual apareció una epidemia de cólera) y en Japón por el terremoto, el tsunami y el accidente nuclear de marzo del presente año (como consecuencia del cual se desató la amenaza de la radiación sin control).

La atención médica, con todo lo que ello implica, resulta indispensable en todos los momentos que siguen a aquel en que se produce el desastre, pero el tema no se puede entender y manejar exclusivamente desde la medicalización.

La salud individual y la salud pública están estrechamente relacionadas, para bien y para mal, con la salud del territorio, con eso que hemos denominado la seguridad territorial, que abarca desde la capacidad del territorio para ofrecer recursos y servicios ambientales (como el agua y la capacidad de regulación del agua), hasta la seguridad, la soberanía y la autonomía alimentaria (que incluye la posibilidad de consumir, aún en condiciones de desastre, alimentos que tengan “significado cultural” y que permitan avanzar hacia la construcción de una “nueva normalidad”). Pasando, entre otros muchos factores, por la seguridad jurídica e institucional, de la cual depende, fundamentalmente, que quienes han sido afectados por el desastre sepan y sientan que pertenecen a una sociedad y que cuentan con un Estado comprometido a ofrecerles protección y seguridad integral.

Los habitantes del barrio son conscientes de las condiciones de riesgo, pero aquí y en cualquier otra parte del mundo, la gente prefiere enfrentar riesgo conocido que soluciones por conocer. El arraigo al territorio que han construido a lo largo de cuatro décadas, es más poderoso que la incertidumbre ante unos planes de reubicación no muy bien definidos por parte del Estado.

La salud emocional, más allá de la medicalización

El sentimiento de anomia corresponde precisamente a esa pérdida de sentido de la existencia que se apodera de los seres humanos (y con seguridad de otras especies) cuando se pierde la identidad con el territorio. No es solamente un problema de depresión intensa a nivel individual, sino un problema cultural y, por ende, también colectivo. Hace un mes largo nos enteramos de una serie de suicidios ocurridos en Gramalote, el pueblo de Norte de Santander que desapareció como consecuencia del desastre invernal.

Así como el traumatólogo es absolutamente necesario cuando una persona ha sufrido fracturas como consecuencia de un deslizamiento, así mismo es necesario el acompañamiento sicológico e incluso siquiátrico para quienes están sufriendo las consecuencias de un desastre. Pero la “sanación” integral no depende solamente de la intervención profesional, ni se va a producir aisladamente de la “sanación” del territorio del cual forma parte la comunidad afectada.


Es bien sabido que la percepción del riesgo que tienen los integrantes de la comunidad, no necesariamente coinciden con la percepción del riesgo por parte de las instituciones públicas o las ONGs. En los sectores populares "correr riesgos" es un reto de supervivencia cotidiana.

Hablábamos algunos renglones atrás de ese periodo de dolorosa -o por lo menos de retadora- transición, entre el YO que éramos antes de comenzar el desastre, y el YO que nace o debe nacer en el desastre y después de ocurrido el desastre.

El "duelo" como renacimiento del YO

Ese es el periodo conocido como de “duelo” y que si bien puede requerir de acompañamiento profesional, tiene una única artífice y oficiante: la persona que está experimentando la crisis en carne y en espíritu propio y que debe asumir el protagonismo de su propia transformación. El nacimiento de ese nuevo YO es la construcción de una nueva relación de identidad con ese territorio también sumido en la crisis, lo cual implica la construcción de un discurso que le otorgue un sentido culturalmente significativo a la situación.

Ese discurso se construye individual y colectivamente, con el cerebro y con las manos, a través del descubrimiento que cada cual va haciendo de su nuevo YO a medida que con el trabajo cotidiano, se va transformando la realidad.

Por eso hay que afirmar de manera contundente que no existe verdadera sanación, sin verdadera participación.


Las temporadas de lluvias fuertes y prolongadas, como la que han vivido casi todas las regiones de Colombia en el último año, convierten al territorio conocido en fuente de amenazas

El sentido de la participación

Participar es ser parte, es reafirmación de los sentidos de identidad, de pertenencia, de propósito común, de capacidad efectiva de decisión y de transformación. Participar es correr los riesgos inherentes a cada decisión. En una situación de desastre (y recordemos que el desastre no es el fenómeno que lo desencadena sino el impacto que se deriva de él) sanamos en y con el territorio, no de manera paralela, sino trenzada, como partes que somos de un proceso común.

Hoy se sabe que uno de los factores que contribuyen a la aparición de algunas formas de cáncer y de otras enfermedades, es el bloqueo del sistema inmunológico del organismo, es decir, del “control de calidad” encargado normalmente de evitar la multiplicación de células con información genética errónea y de activar las defensas del organismo –su capacidad de resistencia y de resiliencia- para protegerse o recuperarse del ataque de algún agente patógeno. Y se sabe también que ese bloqueo puede tener como causa la anomia y en general situaciones que generan un estrés que supera los límites dentro de los cuales esa estrategia de supervivencia deja de ser saludable para el organismo y se convierte en vulnerabilidad.

Crear sentido, construir significado, descubrir un YO desconocido a través de la transformación –con la propia mente y con las propias manos- de la realidad, puede contribuir, incluso, a reducir las posibilidades de que la persona sufra en el futuro de cáncer o de cualquier otra enfermedad.

El trauma de las reubicaciones y reasentamientos... y "el arte de la sanación"

Vamos a dejar para un nuevo artículo, el tema de los reasentamientos (o reubicaciones) de comunidades que se encuentran en condiciones de riesgo, procesos altamente traumáticos y que inciden, como pocos, en esa crisis de identidad con el territorio de la que venimos hablando.

Por experiencia propia sé que es un trauma que, asumido de manera adecuada, se puede superar. Y que incluso ese nuevo YO puede llegar a alcanzar una mejor calidad de vida que la que se tenía con anterioridad.

Pero si bien muchas veces resulta inevitable que una comunidad o parte de ella, traslade su hábitat permanente a un nuevo lugar, por regla general ese recurso extremo debería considerarse como última opción. No solamente por el alto costo económico que implica, sino sobre todo por el costo afectivo, emocional y cultural inherente a que deba morir un YO anterior, para que nazca un nuevo YO a partir de la construcción de identidad con el nuevo territorio –con el nuevo paisaje físico, ecológico, afectivo, emocional- del cual se entra a formar parte.


Cuando cambiar de territorio no significa necesariamente “abandonar” al territorio enfermo, sino que existe la posibilidad de “acompañarlo”, desde una posición segura, durante el proceso de su propia recuperación, las condiciones para la sanación de quienes protagonizan la crisis también son más favorables. Distinto es cuando la gente no puede retornar, ni siquiera temporalmente, por ejemplo porque el territorio sigue siendo fuente de amenazas graves (como la radiación nuclear) o sencillamente porque el territorio ha desaparecido totalmente (como consecuencia, por ejemplo, de una explotación minera, de la construcción de un embalse o de cualquier mega-proyecto equivalente).

Como decíamos atrás, a este tema, estrechamente relacionado con el de los desplazamientos generados por desastres mal llamados “naturales”, por violencia o por el “desarrollo”, será necesario dedicarle muchas páginas adicionales.

2 Comments:

Anonymous Lina Andrea Zambrano Hernández said...

Saludo caluroso,

Es realmente complaciente, leer sus palabras con significados tan valiosos y sabios, entender que "ser humano" significa una integralidad del todo lo que lo rodea, un gran potencial que ha olvidado reconocer sus vulnerabilidades, que vive hoy en día, inmerso en sentimientos de invulnerabilidad, callosidades de traumas viejos, de daños no reparados con simbolizaciones nuevas.

Reitero que una de nuestras vulnerabilidades es la simbólica... nuestra incapacidad de generar nuevas simbolizaciones frente situaciones adversas.


Abrazos fraternos

Lina Andrea

10:15 p. m.  
Blogger altorolópez said...

Fui maestro toda la vida y aun así no me canso de leer y aprender de @wilcheschaux en cada artículo en cada comentario.Gracias...

8:30 a. m.  

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